lundi 19 juin 2017

Los primeros 1 000 días de la vida (II)

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De acuerdo con las especialistas, la forma en que los niños y niñas son criados o atendidos en los primeros años puede influir en el funcionamiento cerebral por el resto de la vida e incluso repercutir en futuras generaciones

Foto: Anabel Díaz
Si en la columna anterior hablábamos de que el periodo desde la concepción hasta el nacimiento del bebé es fundamental para su salud futura; igual de importante resulta lo que suceda después del nacimiento, «momento igualmente lleno de oportunidades».
Así, «el crecimiento y desarrollo cerebral de un niño está determinado en gran parte por una buena nutrición, pero también por la experimentación y la vivencia de experiencias emocionales enriquecedoras. La nutrición, la salud, la protección y cuidado durante la primera infancia, constituyen los nutrientes esenciales que el cerebro necesita para desarrollarse», apuntaron a Granma las doctoras Gisela Álvarez Valdés, Maria del Carmen Machado Lubián y Mercedes Esquivel Lauzurique, miembros del Grupo Nacional de Puericultura.
Si ya en la columna anterior las expertas habían señalado que la etapa prenatal y los primeros tres años de vida constituyen una fase esencial para el desarrollo cognitivo, del lenguaje y de las destrezas sociales y emocionales de las personas; ahora insistieron también en la relevancia que para los niños y niñas tiene el vínculo afectivo y la estimulación oportuna.
En ese sentido, explicaron que «todos los recién nacidos sanos deben ser colocados encima de la madre en contacto piel con piel inmediatamente tras el parto, succionando el pecho, allí se les puede secar y realizar la ligadura del cordón umbilical con vistas a lograr el establecimiento del vínculo afectivo madre hijo».
«El vínculo con la mamá y el papá es muy importante en la vida de un niño. Es esa conexión que se construye entre el bebé y el adulto referente, lo que hace toda la diferencia y potencia su desarrollo», apuntaron las expertas.
De acuerdo con las especialistas, la forma en que los niños y niñas son criados o atendidos en los primeros años puede influir en el funcionamiento cerebral por el resto de la vida e incluso repercutir en futuras generaciones. «El estímulo y la interacción temprana con los padres y otros cuidadores son un impulso esencial para el desarrollo cerebral y para el aprendizaje a lo largo de la vida».
Al respecto, plantearon que la estimulación oportuna y el juego son fundamentales para un adecuado desarrollo cognitivo, como también la autonomía para ser creativos, dependientes. Pero los niños de cero a tres años se desarrollan y aprenden con mayor rapidez cuando, además, reciben afecto, comprensión, cuidado, estimulación (un medio ambiente enriquecedor) y atención de la salud. En este sentido, la estimulación no se logra dándole al bebé juguetes caros y tecnológicos. Los bebés no aprenden viendo videos ni televisión, sino de la interacción con personas reales, señalaron.
«La falta de un vínculo seguro con un adulto que lo cuide, la privación temprana, la adversidad y la violencia, generan en el niño un tipo de estrés tóxico que causa daños permanentes en el desarrollo de su cerebro. Hay que recordar que no solo una nalgada es una forma de maltrato, también lo es el castigo, las ofensas verbales, discriminarlos por algún motivo, todo esto repercute de forma muy negativa en su desarrollo futuro», refirieron las entrevistadas.
La nutrición es a juicio de las especialistas un elemento de gran peso también en esta etapa, y en ese orden subrayaron que la lactancia materna es una de las contribuciones más importantes para la salud. «Está demostrado que la leche materna salva miles de vidas cada año a nivel mundial, y es el alimento esencial para garantizar un adecuado crecimiento y el desarrollo en el niño».
La Organización Mundial de la Salud en el 2001 exhortó a promover la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida e iniciar la alimentación complementaria después de ese periodo, manteniendo la lactancia materna complementada por el tiempo que la madre y el niño lo deseen, con el fin de garantizar que los niños alcancen su máximo potencial de crecimiento y desarro­llo, mencionaron.
De igual modo, citaron un grupo de recomendaciones para mejorar el estado nutricional de los niños durante en esta etapa. Todas las mujeres deben tener una nutrición adecuada, antes de la concepción y durante la gestación, para garantizar una buena salud del recién nacido, ejemplificaron.
Asimismo, las madres deben recibir suplemento de hierro y ácido fólico (pre y post concepción) y consumir sal yodada y fluorada; pues estas intervenciones tienen un impacto probado en la salud de la madre y el feto.
Por otra parte, la leche materna es un alimento único e irremplazable, ya que suministra todos los nutrientes que garantizarán un adecuado desarrollo, prevendrán infecciones y estrecharán la relación del binomio madre-hijo. De ahí que la alimentación complementaria se debe iniciar a partir de los seis meses de edad con alimentos seguros y saludables, dijeron las especialistas.
De igual modo recomendaron que la introducción de estos alimentos sea de forma progresiva, para identificar intolerancia; y que a partir de los seis meses de edad, se suplemente con hierro (Forferr) y vitamina A.
«La alimentación infantil debe realizarse en familia y en un entorno agradable, para estimular el apetito y los buenos hábitos alimentarios», insistieron.
Para las expertas, «asegurar que los niños disfruten durante sus primeros años de las mejores condiciones de vida es una de las inversiones más inteligentes para un país que piensa en su futuro, y en la posibilidad de ser parte de una economía mundializada que se basa en la fortaleza de su capital humano. Garantizar un buen comienzo para los niños y niñas contribuye a quebrar los ciclos de la pobreza, enfermedades y violencia».

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