jeudi 26 juillet 2018

Qué es el imperialismo?, nos explica Vladimir Lenin.
El imperialismo es una fase histórica especial del capitalismo. Su carácter específico tiene tres peculiaridades: el imperialismo es 1) capitalismo monopolista; 2) capitalismo parasitario o en descomposición; 3) capitalismo agonizante.
La sustitución de la libre competencia por el monopolio es el rasgo económico fundamental, la esencia del imperialismo. El monopolismo se manifiesta en cinco formas principales: 1) cártels, sindicatos y trusts; la concentración de la producción ha alcanzado el grado que da origen a estas asociaciones monopolistas de los capitalistas; 2) situación monopolista de los grandes Bancos: de tres a cinco Bancos gigantescos manejan toda la vida económica de los EE.UU., de Francia y de Alemania; 3) apropiación de las fuentes de materias primas por los trusts y la oligarquía financiera (el capital financiero es el capital industrial monopolista fundido con el capital bancario); 4) se ha iniciado el reparto (económico) del mundo entre los cártels internacionales. ¡Son ya más de cien los cártels internacionales que dominan todo el mercado mundial y se lo reparten "amigablemente", hasta que la guerra lo redistribuya! La exportación del capital, como fenómeno particularmente característico a diferencia de la exportación de mercancías bajo el capitalismo no monopolista, guarda estrecha relación con el reparto económico y político-territorial del mundo. 5) Ha terminado el reparto territorial del mundo (de las colonias).
Que el imperialismo es el capitalismo parasitario o en descomposición se manifiesta, ante todo, en la tendencia a la descomposición que distingue a todo monopolio en el régimen de la propiedad privada sobre los medios de producción. La diferencia entre la burguesía imperialista democrático-republicana y la monárquico-reaccionaria se borra, precisamente, porque una y otra se pudren vivas (lo que no elimina, en modo alguno, el desarrollo asombrosamente rápido del capitalismo en ciertas ramas industriales, en ciertos países, en ciertos períodos). En segundo lugar, la descomposición del capitalismo se manifiesta en la formación de un enorme sector de rentistas, de capitalistas que viven de "cortar cu pones". En los cuatro países imperialistas avanzados -- Inglaterra, América del Norte, Francia y Alemania...
En tercer lugar, la exportación de capital es el parasitismo elevado al cuadrado. En cuarto lugar, "el capital financiero tiende a la dominación, y no a la libertad". La reacción política en toda la línea es rasgo característico del imperialismo. Venalidad, soborno en proporciones gigantescas... En quinto lugar, la explotación de las naciones oprimidas, ligada indisolublemente a las anexiones, y, sobre todo, la explotación de las colonias por un puñado de "grandes" potencias, convierte cada vez más el mundo "civilizado" en un parásito que vive sobre el cuerpo de centenares de millones de hombres de los pueblos no civilizados. El proletario romano vivía a expensas de la sociedad. La sociedad actual vive a expensas del proletario moderno... El imperialismo modifica algo la situación. Una capa privilegiada del proletariado de las potencias imperialistas vive, en parte, a expensas de los centenares de millones de hombres de los pueblos no civilizados.
Queda claro por qué el imperialismo es un capitalismo agonizante, en transición hacia el socialismo: el monopolio, que nace del capitalismo, es ya capitalismo agonizante, el comien~o de su tránsito al socialismo...
La peculiaridad del imperialismo no es precisamente el dominio del capital industrial, sino el del capital financiero, precisamente la tendencia a anexionarse no sólo países agrarios, sino toda clase de países...
Tomado de "El imperialismo y la escisión del socialismo", 1916.


El Manifiesto Comunista (parte segunda, Proletarios y Comunistas)
Manifiesto del Partido Comunista
Por
Carlos Marx y Federico Engels
¿Qué relación guardan los comunistas con los proletarios en general?
Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros.
No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario.
Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto.
Los comunistas son, pues, prácticamente, la parte más decidida, el acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo; teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario.
El objetivo inmediato de los comunistas es idéntico al que persiguen los demás partidos proletarios en general: formar la conciencia de clase del proletariado, derrocar el régimen de la burguesía, llevar al proletariado a la conquista del Poder.
Las proposiciones teóricas de los comunistas no descansan ni mucho menos en las ideas, en los principios forjados o descubiertos por ningún redentor de la humanidad. Son todas expresión generalizada de las condiciones materiales de una lucha de clases real y vívida, de un movimiento histórico que se está desarrollando a la vista de todos. La abolición del régimen vigente de la propiedad no es tampoco ninguna característica peculiar del comunismo.
Las condiciones que forman el régimen de la propiedad han estado sujetas siempre a cambios históricos, a alteraciones históricas constantes.
Así, por ejemplo, la Revolución francesa abolió la propiedad feudal para instaurar sobre sus ruinas la propiedad burguesa.
Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, de esta moderna institución de la propiedad privada burguesa, expresión última y la más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros.
Así entendida, sí pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada.
Se nos reprocha que queremos destruir la propiedad personal bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano, esa propiedad que es para el hombre la base de toda libertad, el acicate de todas las actividades y la garantía de toda independencia.
¡La propiedad bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano! ¿Os referís acaso a la propiedad del humilde artesano, del pequeño labriego, precedente histórico de la propiedad burguesa? No, ésa no necesitamos destruirla; el desarrollo de la industria lo ha hecho ya y lo está haciendo a todas horas.
¿O queréis referimos a la moderna propiedad privada de la burguesía?
Decidnos: ¿es que el trabajo asalariado, el trabajo de proletario, le rinde propiedad? No, ni mucho menos. Lo que rinde es capital, esa forma de propiedad que se nutre de la explotación del trabajo asalariado, que sólo puede crecer y multiplicarse a condición de engendrar nuevo trabajo asalariado para hacerlo también objeto de su explotación. La propiedad, en la forma que hoy presenta, no admite salida a este antagonismo del capital y el trabajo asalariado. Detengámonos un momento a contemplar los dos términos de la antítesis.
Ser capitalista es ocupar un puesto, no simplemente personal, sino social, en el proceso de la producción. El capital es un producto colectivo y no puede ponerse en marcha más que por la cooperación de muchos individuos, y aún cabría decir que, en rigor, esta cooperación abarca la actividad común de todos los individuos de la sociedad. El capital no es, pues, un patrimonio personal, sino una potencia social.
Los que, por tanto, aspiramos a convertir el capital en propiedad colectiva, común a todos los miembros de la sociedad, no aspiramos a convertir en colectiva una riqueza personal. A lo único que aspiramos es a transformar el carácter colectivo de la propiedad, a despojarla de su carácter de clase.
Hablemos ahora del trabajo asalariado.
El precio medio del trabajo asalariado es el mínimo del salario, es decir, la suma de víveres necesaria para sostener al obrero como tal obrero. Todo lo que el obrero asalariado adquiere con su trabajo es, pues, lo que estrictamente necesita para seguir viviendo y trabajando. Nosotros no aspiramos en modo alguno a destruir este régimen de apropiación personal de los productos de un trabajo encaminado a crear medios de vida: régimen de apropiación que no deja, como vemos, el menor margen de rendimiento líquido y, con él, la posibilidad de ejercer influencia sobre los demás hombres. A lo que aspiramos es a destruir el carácter oprobioso de este régimen de apropiación en que el obrero sólo vive para multiplicar el capital, en que vive tan sólo en la medida en que el interés de la clase dominante aconseja que viva.
En la sociedad burguesa, el trabajo vivo del hombre no es más que un medio de incrementar el trabajo acumulado. En la sociedad comunista, el trabajo acumulado será, por el contrario, un simple medio para dilatar, fomentar y enriquecer la vida del obrero.
En la sociedad burguesa es, pues, el pasado el que impera sobre el presente; en la comunista, imperará el presente sobre el pasado. En la sociedad burguesa se reserva al capital toda personalidad e iniciativa; el individuo trabajador carece de iniciativa y personalidad.
¡Y a la abolición de estas condiciones, llama la burguesía abolición de la personalidad y la libertad! Y, sin embargo, tiene razón. Aspiramos, en efecto, a ver abolidas la personalidad, la independencia y la libertad burguesa.
Por libertad se entiende, dentro del régimen burgués de la producción, el librecambio, la libertad de comprar y vender.
Desaparecido el tráfico, desaparecerá también, forzosamente el libre tráfico. La apología del libre tráfico, como en general todos los ditirambos a la libertad que entona nuestra burguesía, sólo tienen sentido y razón de ser en cuanto significan la emancipación de las trabas y la servidumbre de la Edad Media, pero palidecen ante la abolición comunista del tráfico, de las condiciones burguesas de producción y de la propia burguesía.
Os aterráis de que queramos abolir la propiedad privada, ¡cómo si ya en el seno de vuestra sociedad actual, la propiedad privada no estuviese abolida para nueve décimas partes de la población, como si no existiese precisamente a costa de no existir para esas nueve décimas partes! ¿Qué es, pues, lo que en rigor nos reprocháis? Querer destruir un régimen de propiedad que tiene por necesaria condición el despojo de la inmensa mayoría de la sociedad.
Nos reprocháis, para decirlo de una vez, querer abolir vuestra propiedad. Pues sí, a eso es a lo que aspiramos.
Para vosotros, desde el momento en que el trabajo no pueda convertirse ya en capital, en dinero, en renta, en un poder social monopolizable; desde el momento en que la propiedad personal no pueda ya trocarse en propiedad burguesa, la persona no existe.
Con eso confesáis que para vosotros no hay más persona que el burgués, el capitalista. Pues bien, la personalidad así concebida es la que nosotros aspiramos a destruir.
El comunismo no priva a nadie del poder de apropiarse productos sociales; lo único que no admite es el poder de usurpar por medio de esta apropiación el trabajo ajeno.
Se arguye que, abolida la propiedad privada, cesará toda actividad y reinará la indolencia universal.
Si esto fuese verdad, ya hace mucho tiempo que se habría estrellado contra el escollo de la holganza una sociedad como la burguesa, en que los que trabajan no adquieren y los que adquieren, no trabajan. Vuestra objeción viene a reducirse, en fin de cuentas, a una verdad que no necesita de demostración, y es que, al desaparecer el capital, desaparecerá también el trabajo asalariado.
Las objeciones formuladas contra el régimen comunista de apropiación y producción material, se hacen extensivas a la producción y apropiación de los productos espirituales. Y así como el destruir la propiedad de clases equivale, para el burgués, a destruir la producción, el destruir la cultura de clase es para él sinónimo de destruir la cultura en general.
Esa cultura cuya pérdida tanto deplora, es la que convierte en una máquina a la inmensa mayoría de la sociedad.
Al discutir con nosotros y criticar la abolición de la propiedad burguesa partiendo de vuestras ideas burguesas de libertad, cultura, derecho, etc., no os dais cuenta de que esas mismas ideas son otros tantos productos del régimen burgués de propiedad y de producción, del mismo modo que vuestro derecho no es más que la voluntad de vuestra clase elevada a ley: una voluntad que tiene su contenido y encarnación en las condiciones materiales de vida de vuestra clase.
Compartís con todas las clases dominantes que han existido y perecieron la idea interesada de que vuestro régimen de producción y de propiedad, obra de condiciones históricas que desaparecen en el transcurso de la producción, descansa sobre leyes naturales eternas y sobre los dictados de la razón. Os explicáis que haya perecido la propiedad antigua, os explicáis que pereciera la propiedad feudal; lo que no os podéis explicar es que perezca la propiedad burguesa, vuestra propiedad.
¡Abolición de la familia! Al hablar de estas intenciones satánicas de los comunistas, hasta los más radicales gritan escándalo.
Pero veamos: ¿en qué se funda la familia actual, la familia burguesa? En el capital, en el lucro privado. Sólo la burguesía tiene una familia, en el pleno sentido de la palabra; y esta familia encuentra su complemento en la carencia forzosa de relaciones familiares de los proletarios y en la pública prostitución.
Es natural que ese tipo de familia burguesa desaparezca al desaparecer su complemento, y que una y otra dejen de existir al dejar de existir el capital, que le sirve de base.
¿Nos reprocháis acaso que aspiremos a abolir la explotación de los hijos por sus padres? Sí, es cierto, a eso aspiramos.
Pero es, decís, que pretendemos destruir la intimidad de la familia, suplantando la educación doméstica por la social.
¿Acaso vuestra propia educación no está también influida por la sociedad, por las condiciones sociales en que se desarrolla, por la intromisión más o menos directa en ella de la sociedad a través de la escuela, etc.? No son precisamente los comunistas los que inventan esa intromisión de la sociedad en la educación; lo que ellos hacen es modificar el carácter que hoy tiene y sustraer la educación a la influencia de la clase dominante.
Esos tópicos burgueses de la familia y la educación, de la intimidad de las relaciones entre padres e hijos, son tanto más grotescos y descarados cuanto más la gran industria va desgarrando los lazos familiares de los proletarios y convirtiendo a los hijos en simples mercancías y meros instrumentos de trabajo.
¡Pero es que vosotros, los comunistas, nos grita a coro la burguesía entera, pretendéis colectivizar a las mujeres!
El burgués, que no ve en su mujer más que un simple instrumento de producción, al oírnos proclamar la necesidad de que los instrumentos de producción sean explotados colectivamente, no puede por menos de pensar que el régimen colectivo se hará extensivo igualmente a la mujer.
No advierte que de lo que se trata es precisamente de acabar con la situación de la mujer como mero instrumento de producción.
Nada más ridículo, por otra parte, que esos alardes de indignación, henchida de alta moral de nuestros burgueses, al hablar de la tan cacareada colectivización de las mujeres por el comunismo. No; los comunistas no tienen que molestarse en implantar lo que ha existido siempre o casi siempre en la sociedad.
Nuestros burgueses, no bastándoles, por lo visto, con tener a su disposición a las mujeres y a los hijos de sus proletarios -¡y no hablemos de la prostitución oficial!-, sienten una grandísima fruición en seducirse unos a otros sus mujeres.
En realidad, el matrimonio burgués es ya la comunidad de las esposas. A lo sumo, podría reprocharse a los comunistas el pretender sustituir este hipócrita y recatado régimen colectivo de hoy por una colectivización oficial, franca y abierta, de la mujer. Por lo demás, fácil es comprender que, al abolirse el régimen actual de producción, desaparecerá con él el sistema de comunidad de la mujer que engendra, y que se refugia en la prostitución, en la oficial y en la encubierta.
A los comunistas se nos reprocha también que queramos abolir la patria, la nacionalidad.
Los trabajadores no tienen patria. Mal se les puede quitar lo que no tienen. No obstante, siendo la mira inmediata del proletariado la conquista del Poder político, su exaltación a clase nacional, a nación, es evidente que también en él reside un sentido nacional, aunque ese sentido no coincida ni mucho menos con el de la burguesía.
Ya el propio desarrollo de la burguesía, el librecambio, el mercado mundial, la uniformidad reinante en la producción industrial, con las condiciones de vida que engendra, se encargan de borrar más y más las diferencias y antagonismos nacionales.
El triunfo del proletariado acabará de hacerlos desaparecer. La acción conjunta de los proletarios, a lo menos en las naciones civilizadas, es una de las condiciones primordiales de su emancipación. En la medida y a la par que vaya desapareciendo la explotación de unos individuos por otros, desaparecerá también la explotación de unas naciones por otras.
Con el antagonismo de las clases en el seno de cada nación, se borrará la hostilidad de las naciones entre sí.
No queremos entrar a analizar las acusaciones que se hacen contra el comunismo desde el punto de vista religioso-filosófico e ideológico en general.
No hace falta ser un lince para ver que, al cambiar las condiciones de vida, las relaciones sociales, la existencia social del hombre, cambian también sus ideas, sus opiniones y sus conceptos, su conciencia, en una palabra.
La historia de las ideas es una prueba palmaria de cómo cambia y se transforma la producción espiritual con la material. Las ideas imperantes en una época han sido siempre las ideas propias de la clase imperante.
Se habla de ideas que revolucionan a toda una sociedad; con ello, no se hace más que dar expresión a un hecho, y es que en el seno de la sociedad antigua han germinado ya los elementos para la nueva, y a la par que se esfuman o derrumban las antiguas condiciones de vida, se derrumban y esfuman las ideas antiguas.
Cuando el mundo antiguo estaba a punto de desaparecer, las religiones antiguas fueron vencidas y suplantadas por el cristianismo. En el siglo XVIII, cuando las ideas cristianas sucumbían ante el racionalismo, la sociedad feudal pugnaba desesperadamente, haciendo un último esfuerzo, con la burguesía, entonces revolucionaria. Las ideas de libertad de conciencia y de libertad religiosa no hicieron más que proclamar el triunfo de la libre concurrencia en el mundo ideológico.
Se nos dirá que las ideas religiosas, morales, filosóficas, políticas, jurídicas, etc., aunque sufran alteraciones a lo largo de la historia, llevan siempre un fondo de perennidad, y que por debajo de esos cambios siempre ha habido una religión, una moral, una filosofía, una política, un derecho.
Además, se seguirá arguyendo, existen verdades eternas, como la libertad, la justicia, etc., comunes a todas las sociedades y a todas las etapas de progreso de la sociedad. Pues bien, el comunismo -continúa el argumento- viene a destruir estas verdades eternas, la moral, la religión, y no a sustituirlas por otras nuevas; viene a interrumpir violentamente todo el desarrollo histórico anterior.
Veamos a qué queda reducida esta acusación.
Hasta hoy, toda la historia de la sociedad ha sido una constante sucesión de antagonismos de clases, que revisten diversas modalidades, según las épocas.
Mas, cualquiera que sea la forma que en cada caso adopte, la explotación de una parte de la sociedad por la otra es un hecho común a todas las épocas del pasado. Nada tiene, pues, de extraño que la conciencia social de todas las épocas se atenga, a despecho de toda la variedad y de todas las divergencias, a ciertas formas comunes, formas de conciencia hasta que el antagonismo de clases que las informa no desaparezca radicalmente.
La revolución comunista viene a romper de la manera más radical con el régimen tradicional de la propiedad; nada tiene, pues, de extraño que se vea obligada a romper, en su desarrollo, de la manera también más radical, con las ideas tradicionales.
Pero no queremos detenernos por más tiempo en los reproches de la burguesía contra el comunismo.
Ya dejamos dicho que el primer paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al Poder, la conquista de la democracia.
El proletariado se valdrá del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas.
Claro está que, al principio, esto sólo podrá llevarse a cabo mediante una acción despótica sobre la propiedad y el régimen burgués de producción, por medio de medidas que, aunque de momento parezcan económicamente insuficientes e insostenibles, en el transcurso del movimiento serán un gran resorte propulsor y de las que no puede prescindiese como medio para transformar todo el régimen de producción vigente.
Estas medidas no podrán ser las mismas, naturalmente, en todos los países.
Para los más progresivos mencionaremos unas cuantas, susceptibles, sin duda, de ser aplicadas con carácter más o menos general, según los casos.
1.a Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos.
2.a Fuerte impuesto progresivo.
3.a Abolición del derecho de herencia.
4.a Confiscación de la fortuna de los emigrados y rebeldes.
5.a Centralización del crédito en el Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y régimen de monopolio.
6.a Nacionalización de los transportes.
7.a Multiplicación de las fábricas nacionales y de los medios de producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo.
8.a Proclamación del deber general de trabajar; creación de ejércitos industriales, principalmente en el campo.
9.a Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.
10.a Educación pública y gratuita de todos los niños. Prohibición del trabajo infantil en las fábricas bajo su forma actual. Régimen combinado de la educación con la producción material, etc.
Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político. El Poder político no es, en rigor, más que el poder organizado de una clase para la opresión de la otra. El proletariado se ve forzado a organizarse como clase para luchar contra la burguesía; la revolución le lleva al Poder; mas tan pronto como desde él, como clase gobernante, derribe por la fuerza el régimen vigente de producción, con éste hará desaparecer las condiciones que determinan el antagonismo de clases, las clases mismas, y, por tanto, su propia soberanía como tal clase.
Y a la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, sustituirá una asociación en que el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos.
Manifiesto del Partido Comunista.

jeudi 19 juillet 2018


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Supplemento La Vie Réelle, Lunedi, 14 Febrraio, 2011


LA DOLCE VITA

Rinascita dei comunisti in Italia



Daniel Paquet,
dpaquet1871@gmail.com

In un noto lavoro di progressiva Marxismo e il Revisionismo, Lenin sarà senza mezzi termini: "Non c'è bisogno di parlare di scienza e della filosofia borghesi, insegnate da docenti funzionari scolastici a stupire la giovane generazione delle classi possidenti e 'insorgere 'contro i nemici dentro e fuori. Che la scienza non sarà nemmeno sentir parlare di marxismo, si proclama confutato e annientato. Giovani studiosi, che fanno una carriera di confutare il socialismo, vecchi e decrepiti, custodi del patrimonio di tutti i 'sistemi' attacco Marx possibile superate con zelo uguale ".

In controtendenza il grano, nel 1976, lo scrittore ha preso il bastone del pellegrino per vedere cosa questo grande e influente Partito Comunista Italiano, storia di un piccolo tuffo nel suo internazionali e nazionali, prima di iscriversi al Partito Comunista del Canada. A 19 anni, si inizia a mettere in discussione seriamente. Così è con una fitta nel profondo del suo cuore che si impara nel 1991, la liquidazione da la sua leadership di un partito che ha raccolto i voti di un elettore su tre italiani.

E 'con grande gioia che sono stati raccolti e leggere le parole del professore di storia della filosofia Domenico Losurdo, nonostante il suo ruolo lo ha costretto a l'Università 'Carlo Bo' in Italia, dove egli sostiene che "è il movimento comunista che ha posto fine agli orrori che hanno caratterizzato la tradizione coloniale (che poi ha portato alla orrori del Terzo Reich, gli orrori del regime che ha subito la sua prima, decisiva sconfitta da parte dell'Unione Sovietica). "

In questa intervista, a partire dal novembre 2010, il professor Losurdo affronta anche il capo-apprezzamento "occidentale" che abbiamo della Repubblica popolare cinese: "Possiamo e dobbiamo discutere le scelte politiche dei gruppi dirigenti, ma non si può non avere ammirazione per la nascita prodigiosa di un paese di dimensioni continentali di fame che rilascia centinaia di milioni di persone e allo stesso tempo cambia in profondità (in senso sfavorevole al imperialismo) la geografia politica del mondo. "

Ed è con grande orgoglio e fiducia che dice: "E 'chiaro che in Italia abbiamo una grande tradizione comunista dietro di noi."

Tuttavia, deve spiegare perché l'ideologia insidioso è stato innestato al movimento comunista e la croce da parte a parte oggi in molti paesi, il revisionismo, riesaminazione retrograda de marxismo-leninismo. "Ciò che rende inevitabile il revisionismo nella società capitalistica? Perché è più profonda delle caratteristiche nazionali e gradi di sviluppo del capitalismo? Ma perché in ogni paese capitalista, accanto al proletariato sono ancora ampi strati della piccola borghesia, piccoli datori di lavoro. Produzione su piccola scala ha portato e continua a produrre costantemente capitalismo. Questo crea inevitabilmente nuova 'classe media' [...] Questi nuovi piccoli produttori sono anche inevitabilmente rilasciati nelle file del proletariato. "
 
Il movimento comunista in azione

Ma i comunisti in Europa e Nord Africa non si arrese. Su iniziativa del Consiglio nazionale del Partito comunista francese (PCF), si incontreranno fine febbraio a Parigi. Già, essi sostengono che "l'esistenza e il rafforzamento delle organizzazioni politiche, marxisti rivoluzionari e leninisti, vale a dire, i partiti comunisti, sono più critici che mai. La loro debolezza teorica e organizzativa negli ultimi decenni un pesante fardello per l'esito della lotta, il movimento operaio. "

Alla fine di grandi manifestazioni contro la caduta del 2010 il declino del sistema pensionistico, sentono la necessità di aumentare gli scambi con i loro coetanei di altre parti. Troviamo pertanto, per esempio, i rappresentanti del Partito Comunista di Grecia (KKE), il partito algerino per la Democrazia e Socialismo (PADS) e l'Ambasciata di Cuba.

Per quanto riguarda il rivoluzionario italiano, sappiamo da loro che a partire dal 15 FEBBRAIO 2011, oltre un migliaio di attivisti, sindacalisti e dirigenti comunisti hanno già firmato l'appello per la ricostruzione del Partito Comunista Italiano. "E 'il momento di iniziare un autentico processo di ricostruzione ..." è il loro grido di battaglia.
Essi si oppongono al sistema che porta il mondo in un disastro e la lotta contro l'ingiustizia sociale. Quindi farla finita con le basi USA e NATO in Italia smesso di partecipare a guerre come in Afghanistan. Non importa le difficoltà, i comunisti italiani vogliono guidare lotte di massa e creare un mondo possibile per generazioni.

In questo processo, non è sorprendente che, secondo il giornale Métro, "Le italiane [erano] in piazza contro Berlusconi e il suo machismo" a metà febbraio 2011. In realtà, più di 100.000 persone "espresso in tutte le principali città italiane." Naturalmente, essi denunciano l'scappatelle sessuali del presidente. Ma c'è di più, i manifestanti vogliono partenza del leader e la fine del suo sistema politico che ha portato il popolo italiano per l'impasse. Il quotidiano di Montréal ha detto che Berlusconi, soprannominato Il Cavaliere, "è già stato implicito nella giustizia in casi di corruzione ed evasione fiscale." Devo ricordare che il presidente è un magnate dei mass media ed è difficile per picchiarci l'opinione pubblica italiana, le sue "idee" sul disegno del mondo?

Un partito di tipo nuovo

Il popolo italiano, la classe operaia della penisola grande bisogno di un forte partito comunista e di massa.

Qui hanno ragione nel dire che: "Il partito può essere un vero partito se limitarsi a constatare i sentimenti e pensa la massa della classe operaia, s ' Egli striscia al rimorchio di movimento spontaneo, se non può superare la routine e l'indifferenza politica del movimento spontaneo, se non può elevarsi al di sopra degli interessi momentanei del proletariato, se elevare le masse conoscere il livello di comprensione degli interessi del proletariato. E 'necessario che il partito è al top della classe operaia, deve vedere al di là della classe operaia e deve portare il proletariato e non trascinarsi al rimorchio del movimento spontaneo. " (Staline, J., Les questions du léninisme, Éditions en langues étrangères, Pékin, 1977, pp. 101-102).

Naturalmente grandi cambiamenti attendono il popolo italiano. Nelle parole di Galileo nel suo tempo, e si potrebbe parafrasare, in previsione della prossima rivoluzione:

Eppur se Mueve!



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samedi 14 juillet 2018

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V.I Lenin


CARLOS MARX


(Breve esbozo biográfico,
con una exposición del marxismo)
[1]




Escrito: De julio a noviembre de 1914.
Publicado por vez primera: En 1915, en el Diccionario Enciclopedico Granat, 7a edición, tomo XXVIII.
Digitalizado por: Unión de Juventudes Socialista de Puerto Rico.
Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2000.



Carlos Marx nació el 5 de mayo (según el nuevo calendario) de 1818 en Tréveris (ciudad de la Prusia renana). Su padre era un abogado judío, convertido en 1824 al protestantismo. La familia de Marx era una familia acomodada, culta, pero no revolucionaria. Después de terminar en Tréveris sus estudios de bachillerato, Marx se inscribió en la universidad, primero en la de Bonn y luego en la de Berlín, estudiando jurisprudencia y, sobre todo, historia y filosofía. En 1841 terminó sus estudios universitarios, presentando una tesis sobre la filosofía de Epicuro. Por sus concepciones, Marx era entonces todavía un idealista hegeliano. En Berlín se adhirió al círculo de los "hegelianos de izquierda" (Bruno Bauer y otros), que se esforzaban por extraer de la filosofía de Hegel conclusiones ateas y revolucionarias.
Terminados sus estudios universitarios, Marx se trasladó a Bonn con la intención de hacerse profesor. Pero la política reaccionaria del gobierno, que en 1832 había despojado de su cátedra a Ludwig Feuerbach, que en 1836 le había negado nuevamente la entrada en la universidad y que en 1841 privó al joven profesor Bruno Bauer del derecho a enseñar en Bonn, obligó a Marx a renunciar a la carrera docente. En aquella época, las ideas de los hegelianos de izquierda progresaban rápidamente en Alemania. Ludwig Feuerbach, sobre todo desde 1836, comenzó a someter a crítica la teología y a orientarse hacia el materialismo, que en 1841 (La esencia del cristianismo ) se impone ya definitivamente en su pensamiento; en 1843 ven la luz sus Principios de la filosofía del porvenir. "Hay que haber vivido la influencia liberadora" de estos libros, escribía Engels años más tarde refiriéndose a esas obras de Feuerbach. "Nosotros [es decir, los hegelianos de izquierda, entre ellos Marx] nos hicimos en el acto feuerbachianos."[2] Por aquel tiempo, los burgueses radicales renanos, que tenían ciertos puntos de contacto con los hegelianos de izquierda, fundaron en Colonia un periódico de oposición, la Gaceta del Rin (cuyo primer número salió el 1 de enero de 1842). Marx y Bruno Bauer fueron invitados como principales colaboradores; en octubre de 1842 Marx fue nombrado redactor jefe del periódico y se trasladó de Bonn a Colonia. La tendencia democrática revolucionaria del periódico fue acentuándose bajo la jefatura de redacción de Marx, y el gobierno lo sometió primero a una doble censura y luego a una triple, hasta que decidió más tarde suprimirlo totalmente a partir del 1 de enero de 1843. Marx se vio obligado a abandonar su puesto de redactor jefe en esa fecha, sin que su salida lograse tampoco salvar al periódico, que fue clausurado en marzo de 1843. Entre los artículos más importantes publicados por Marx en la Gaceta del Rin, Engels menciona, además de los que citamos más adelante (véase la Bibliografía ) el que se refiere a la situación de los campesinos viticultores del valle del Mosela. Como su labor periodística le había demostrado que conocía insuficientemente la economía política, Marx se dedicó afanosamente al estudio de esta ciencia.
En 1843, Marx se casó en Kreuznach con Jenny von Westphalen, amiga suya de la infancia, con la que se había comprometido cuando todavía era estudiante. Su esposa pertenecía a una reaccionaria familia aristocrática de Prusia. Su hermano mayor fue ministro del Interior en Prusia durante una de las épocas más reaccionarias, desde 1850 hasta 1858. En el otoño de 1843 Marx se trasladó a París con objeto de editar en el extranjero una revista de tendencia radical en colaboración con Arnold Ruge (1802-1880; hegeliano de izquierda, encarcelado de 1825 a 1830, emigrado desde 1848, y partidario de Bismarck entre 1866 y 1870). De esta revista, titulada Anales franco-alemanes, sólo llegó a ver la luz el primer fascículo. Las dificultades con que tropezaba la difusión clandestina de la revista en Alemania y las discrepancias surgidas entre Marx y Ruge hicieron que se suspendiera su publicación. En los artículos de Marx en los Anales vemos ya al revolucionario que proclama la necesidad de una "crítica implacable de todo lo existente", y, en particular, de una "crítica de las armas"[3] que apele a las masas y al proletariado.
En septiembre de 1844 llegó a París, por unos días, Federico Engels, quien se convirtió, desde ese momento, en el amigo más íntimo de Marx. Ambos tomaron conjuntamente parte activísima en la vida, febril por entonces, de los grupos revolucionarios de París (especial importancia revestía la doctrina de Proudhon, a la que Marx ajustó cuentas resueltamente en su obra Miseria de la filosofía, publicada en 1847) y, en lucha enérgica contra las diversas doctrinas del socialismo pequeñoburgués, forjaron la teoría y la táctica del socialismo proletario revolucionario, o comunismo (marxismo). Véanse, más adelante, en la Bibliografía, las obras de Marx de esta época, años de 1844 a 1848. En 1845, a instancias del gobierno prusiano, Marx fue expulsado de París como revolucionario peligroso, instalándose entonces en Bruselas. En la primavera de 1847, Marx y Engels se afiliaron a una sociedad secreta de propaganda, la Liga de los Comunistas, tuvieron una participación destacada en el II Congreso de esta organización (celebra do en Londres en noviembre de 1847) y por encargo del Congre so redactaron el famoso Manifiesto del Partido Comunista que apareció en febrero de 1848. En esta obra se traza, con claridad y brillantez geniales, una nueva concepción del mundo: el materialismo consecuente, aplicado también al campo de la vida social; la dialéctica como la doctrina más completa y profunda del desarrollo; la teoría de la lucha de clases y de la histórica misión revolucionaria universal del proletariado como creador de una nueva sociedad, la sociedad comunista.
Al estallar la revolución de febrero de 1848, Marx fue expulsado de Bélgica. Se trasladó nuevamente a París, y desde allí, después de la revolución de marzo, marchó a Alemania, más precisamente, a Colonia. Desde el 1 de junio de 1848 hasta el 19 de mayo de 1849, se publicó en esta ciudad la Nueva Gaceta del Rin, de la que Marx era el redactor jefe. El curso de los acontecimientos revolucionarios de 1848 a 1849 vino a confirmar de manera brillante la nueva teoría, como habrían de confirmarla en lo sucesivo los movimientos proletarios y democráticos de todos los países del mundo. La contrarrevolución triunfante hizo que Marx compareciera, primero, ante los tribunales (siendo absuelto el g de febrero de 1849) y después lo expulsó de Alemania (el 16 de mayo de 1849). Marx se dirigió a París, de donde fue expulsado también después de la manifestación del 13 de junio de 1849[4]; entonces marchó a Londres, donde pasó el resto de su vida.
Las condiciones de vida en la emigración eran en extremo duras, como lo revela con toda claridad la correspondencia entre Marx y Engels (editada en 1913). La miseria asfixiaba realmente a Marx y a su familia; de no haber sido por la constante y abnegada ayuda económica de Engels, Marx no sólo no hubiera podido acabar El Capital, sino que habría sucumbido inevitablemente bajo el peso de la miseria. Además, las doctrinas y tendencias del socialismo pequeñoburgués, no proletario en general, que predominaban en aquella época, obligaban a Marx a librar constantemente una lucha implacable, y a veces a repeler (como hace en su obra Herr Vogt [5] los ataques personales más rabiosos y salvajes. Manteniéndose al margen de los círculos de emigrados y concentrando sus esfuerzos en el estudio de la economía política, Marx desarrolló su teoría materialista en una serie de trabajos históricos (véase la Bibliografía ). Con sus obras Contribución a la crítica de la economía política (1859) y El Capital (t. I, 1867), Marx provocó una verdadera revolución en la ciencia económica (véase más adelante la doctrina de Marx).
El recrudecimiento de los movimientos democráticos, a fines de la década del 50 y durante la del 60, llevó de nuevo a Marx a la actividad práctica. El 28 de septiembre de 1864 se fundó en Londres la famosa Primera Internacional, la "Asociación Internacional de los Trabajadores". Marx fue el alma de esta organización, el autor de su primer "Llamamiento" y de gran número de sus resoluciones, declaraciones y manifiestos. Unificando el movimiento obrero de los diferentes países, orientando por el cauce de una actuación conjunta a las diver sas formas del socialismo no proletario, premarxista (Mazzini, Proudhon, Bakunin, el tradeunionismo liberal inglés, las vacilaciones derechistas lassalleanas en Alemania, etc.), a la par que combatía las teorías de todas estas sectas y escuelas, Marx fue forjando la táctica común de la lucha proletaria de la clase obrera en los distintos países. Después de la caída de la Comuna de París en 1871, que Marx analizó (en La guerra civil en Francia, 1871) de modo tan profundo, certero, brillante y eficaz, como revolucionario -- y a raíz de la escisión de la In ternacional provocada por los bakuninistas --, esta última ya no pudo seguir existiendo en Europa. Después del Congreso de La Haya (1872), Marx consiguió que el Consejo General de la Internacional se trasladase a Nueva York. La primera Internacional había cumplido su misión histórica y dejaba paso a una época de desarrollo incomparablemente más amplio del movimiento obrero en todos los países del mundo, época en que este movimiento había de desplegarse en extensión, con la creación de partidos obreros socialistas de masas dentro de cada Estado nacional.
Su intensa labor en la Internacional y sus actividades teóricas, aún más intensas, minaron definitivamente la salud de Marx. Prosiguió su obra de relaboración de la economía política y se consagró a terminar El Capital, recopilando con este fin multitud de nuevos documentos y poniéndose a estudiar varios idiomas (entre ellos el ruso), pero la enfermedad le impidió concluir El Capital.
El 2 de diciembre de 1881 murió su esposa, y el 14 de marzo de 1883 Marx se quedó dormido apaciblemente para siempre en su sillón. Está enterrado, junto a su mujer, en el cementerio londinense de Highgate. Varios hijos de Marx murieron en la infancia en Londres, cuando la familia vivía en la miseria. Tres de sus hijas se casaron con socialistas de Inglaterra y Francia: Eleonora Eveling, Laura Lafargue y Jenny Longuet. Un hijo de esta última es miembro del Partido Socialista Francés.

Vladimir Ilyich Lenin

Karl Marx

A Brief Biographical Sketch With an Exposition of Marxism


Marx, Karl, was born...

Marx, the student
Marx, Karl, was born on May 5, 1818 (New Style), in the city of Trier (Rhenish Prussia). His father was a lawyer, a Jew, who in 1824 adopted Protestantism. The family was well-to-do, cultured, but not revolutionary. After graduating from a Gymnasium in Trier, Marx entered the university, first at Bonn and later in Berlin, where he read law, majoring in history and philosophy. He concluded his university course in 1841, submitting a doctoral thesis on the philosophy of Epicurus. At the time Marx was a Hegelian idealist in his views. In Berlin, he belonged to the circle of “Left Hegelians” (Bruno Bauer and others) who sought to draw atheistic and revolutionary conclusion from Hegel’s philosophy.
After graduating, Marx moved to Bonn, hoping to become a professor. However, the reactionary policy of the government, which deprived Ludwig Feuerbach of his chair in 1832, refused to allow him to return to the university in 1836, and in 1841 forbade young Professor Bruno Bauer to lecture at Bonn, made Marx abandon the idea of an academic career. Left Hegelian views were making rapid headway in Germany at the time. Feuerbach began to criticize theology, particularly after 1836, and turn to materialism, which in 1841 gained ascendancy in his philosophy (The Essence of Christianity). The year 1843 saw the appearance of his Principles of the Philosophy of the Future. “One must oneself have experienced the liberating effect” of these books, Engels subsequently wrote of these works of Feuerbach. “We [i.e., the Left Hegelians, including Marx] all became at once Feuerbachians.” At that time, some radical bourgeois in the Rhineland, who were in touch with the Left Hegelians, founded, in Cologne, an opposition paper called Rheinische Zeitung (The first issue appeared on January 1, 1842). Marx and Bruno Bauer were invited to be the chief contributors, and in October 1842 Marx became editor-in-chief and moved from Bonn to Cologne. The newspaper’s revolutionary-democratic trend became more and more pronounced under Marx’s editorship, and the government first imposed double and triple censorship on the paper, and then on January 1 1843 decided to suppress it. Marx had to resign the editorship before that date, but his resignation did not save the paper, which suspended publication in March 1843. Of the major articles Marx contributed to Rheinische Zeitung, Engels notes, in addition to those indicated below (see Bibliography),[1] an article on the condition of peasant winegrowers in the Moselle Valley.[2] Marx’s journalistic activities convinced him that he was insufficiently acquainted with political economy, and he zealously set out to study it.
In 1843, Marx married, at Kreuznach, a childhood friend he had become engaged to while still a student. His wife came of a reactionary family of the Prussian nobility, her elder brother being Prussia’s Minister of the Interior during a most reactionary period—1850-58. In the autumn of 1843, Marx went to Paris in order to publish a radical journal abroad, together with Arnold Ruge (1802-1880); Left Hegelian; in prison in 1825-30; a political exile following 1848, and a Bismarckian after 1866-70). Only one issue of this journal, Deutsch-Französische Jahrbücher, appeared;[3] publication was discontinued owing to the difficulty of secretly distributing it in Germany, and to disagreement with Ruge. Marx’s articles in this journal showed that he was already a revolutionary who advocated “merciless criticism of everything existing”, and in particular the “criticism by weapon”,[13] and appealed to the masses and to the proletariat.
Engels at 19
In September 1844, Frederick Engels came to Paris for a few days, and from that time on became Marx’s closest friend. They both took a most active part in the then seething life of the revolutionary groups in Paris (of particular importance at the time was Proudhon’s[4] doctrine), which Marx pulled to pieces in his Poverty of Philosophy, 1847); waging a vigorous struggle against the various doctrines of petty-bourgeois socialism, they worked out the theory and tactics of revolutionary proletarian socialism, or communism Marxism). See Marx’s works of this period, 1844-48 in the Bibliography. At the insistent request of the Prussian government, Marx was banished from Paris in 1845, as a dangerous revolutionary. He went to Brussels. In the spring of 1847 Marx and Engels joined a secret propaganda society called the Communist League;[5] they took a prominent part in the League’s Second Congress (London, November 1847), at whose request they drew up the celebrated Communist Manifesto, which appeared in February 1848. With the clarity and brilliance of genius, this work outlines a new world-conception, consistent with materialism, which also embrace the realm of social life; dialectics, as the most comprehensive and profound doctrine of development; the theory of the class struggle and of the world-historic revolutionary role of the proletariat—the creator of a new, communist society.
On the outbreak of the Revolution of February 1848,[6] Marx was banished from Belgium. He returned to Paris, whence, after the March Revolution,[7] he went to Cologne, Germany, where Neue Rheinische Zeitung[8] was published from June 1, 1848, to May 19, 1849, with Marx as editor-in-chief. The new theory was splendidly confirmed by the course of the revolutionary events of 1848-49, just as it has been subsequently confirmed by all proletarian and democratic movements in all countries of the world. The victorious counter-revolution first instigated court proceedings against Marx (he was acquitted on February 9, 1849), and then banished him from Germany (May 16, 1849). First Marx went to Paris, was again banished after the demonstration of June 13, 1849,[9] and then went to London, where he lived until his death.
His life as a political exile was a very hard one, as the correspondence between Marx and Engels (published in 1913) clearly reveals. Poverty weighed heavily on Marx and his family; had it not been for Engels’ constant and selfless financial aid, Marx would not only have been unable to complete Capital but would have inevitably have been crushed by want. Moreover, the prevailing doctrines and trends of petty-bourgeois socialism, and of non-proletarian socialism in general, forced Marx to wage a continuous and merciless struggle and sometime to repel the most savage and monstrous personal attacks (Herr Vogt).[10] Marx, who stood aloof from circles of political exiles, developed his materialist theory in a number of historical works (see Bibliography), devoting himself mainly to a study of political economy. Marx revolutionized science (see “The Marxist Doctrine”, below) in his Contribution to the Critique of Political Economy (1859) and Capital(Vol. I, 1867).
The revival of the democratic movements in the late fifties and in the sixties recalled Marx to practical activity. In 1864 (September 28) the International Working Men’s Association—the celebrated First International—was founded in London. Marx was the heart and soul of this organization, and author of its first Address[11]and of a host of resolutions, declaration and manifestoes. In uniting the labor movement of various forms of non-proletarian, pre-Marxist socialism (Mazzini, Proudhon, Bakunin, liberal trade-unionism in Britain, Lassallean vacillations to the right in Germany, etc.), and in combating the theories of all these sects and schools, Marx hammered out a uniform tactic for the proletarian struggle of the working in the various countries. Following the downfall of the Paris Commune (1871)—of which gave such a profound, clear-cut, brilliant effective and revolutionary analysis (The Civil War In France, 1871)—and the Bakunin-caused[12]cleavage in the International, the latter organization could no longer exist in Europe. After the Hague Congress of the International (1872), Marx had the General Council of the International had played its historical part, and now made way for a period of a far greater development of the labor movement in all countries in the world, a period in which the movement grew in scope, and mass socialist working-class parties in individual national states were formed.
Marx’s health was undermined by his strenuous work in the International and his still more strenuous theoretical occupations. He continued work on the refashioning of political economy and on the completion of Capital, for which he collected a mass of new material and studied a number of languages (Russian, for instance). However, ill-health prevented him from completing Capital.
His wife died on December 2, 1881, and on March 14, 1883, Marx passed away peacefully in his armchair. He lies buried next to his wife at Highgate Cemetery in London. Of Marx’s children some died in childhood in London, when the family were living in destitute circumstances. Three daughters married English and French socialists; Eleanor Aveling, Laura Lafargue and Jenny Longuet. The latters’ son is a member of the French Socialist Party.

Notes

[1] This “Bibliography” written by Lenin for the article is not included. —Ed.
[2] The reference is to the article “Justification of the Correspondent from the Mosel” by Karl Marx.—Ed.
[3] The reference is to the Deutsch-Franzosische Jahrbucher (German-French Annals), a magazine edited by Karl Marx and Arnold Ruge and published in German in Paris. Only the first issue, a double one, appeared, in February 1844. It included works by Karl Marx and Frederick Engels which marked the final transition of Marx and Engels to materialism and communism. Publication of the magazine was discontinued mainly as a result of basic differences of opinion between Marx and the bourgeois radical Ruge.—Ed.
[4] Proudhonism—An unscientific trend in petty-bourgeois socialism, hostile to Marxism, so called after its ideologist, the French anarchist Pierre Joseph Proudhon. Proudhon criticized big capitalist property from the petty-bourgeois position and dreamed of perpetuating small private ownership. He proposed the foundation of “people’s” and “exchange” banks, with the aid of which the workers would be able to acquire the means of production, become handicraftsmen and ensure the just marketing of their produce. Proudhon did not understand the historic role of the proletariat and displayed a negative attitude to the class struggle, the proletarian revolution, and the dictatorship of the proletariat; as an anarchist, he denied the need for the state. Marx subjected Proudhonism to ruthless criticism in his work The Poverty of Philosophy.—Ed.
[5] The Communist League—The first international communist organization of the proletariat founded under the guidance of Marx and Engels in London early in June 1847.
Marx and Engels helped to work out the programmatic and organizational principles of the League; they wrote its programme—the Manifesto of the Communist Party, published in February 1848.
The Communist League was the predecessor of the International Working Men’s Association (The First International). It existed until November 1852, its prominent members later playing a leading role in the First International.—Ed.
[6] The reference is to the bourgeois revolutions in Germany and Austria which began in March 1848.—Ed.
[7] The reference is to the bourgeois revolution in France in February 1848.—Ed.
[8] Die Neue Rheinische Zeitung (New Rhenish Gazette)—Published in Cologne from June 1, 1848, to May 19, 1849. Marx and Engels directed the newspaper, Marx being its editor-in-chief. Lenin characterized Die Neue Rheinische Zeitung as “the finest and unsurpassed organ of the revolutionary proletariat”. Despite persecution and the obstacles placed in its way by the police, the newspaper staunchly defended the interests of revolutionary democracy, the interests of the proletariat. Because of Marx’s banishment from Prussia in May 1849 and the persecution of the other editors. Die Neue Rheinische Zeitung had to cease publication.—Ed.
[9] The reference is to the mass demonstration in Paris organized by the Montagne, the party of the petty bourgeoisie, in protest against the infringement by the President and the majority in the Legislative Assembly of the constitutional orders established in the revolution of 1848. The demonstration was dispersed by the government.—Ed.
[10] The reference is to Marx’s pamphlet Herr Vogt, which was written in reply to the slanderous pamphlet by Vogt, a Bonapartist agent provocateur, My Process Against “Allgemeine Zeitung”.—Ed.
[11] The First International Workingmen’s Association was the first international tendency that grouped together all the worlds’ workers parties in one unified international party.—Ed.
[12] Bakuninism—A trend called after its leader Mikhail Bakunin, an ideologist of anarchism and enemy of Marxism and scientific socialism.—Ed.
[13] These words are from Marx’s “Critique of the Hegelian Philosophy of Right: Introduction.” The relevant passage reads: “The weapon of criticism cannot, of course, replace criticism by weapon, material force must be overthrown by a material force; but theory, too, becomes a material force, as soon as it grips the masses.”—Lenin