lundi 17 juin 2019


Toussaint Louverture, la dignidad insurrecta

Salim Lamrani



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Análisis

13/06/2019


Toussaint Louverture
Foto: lashhaiti.com

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PRIMERA PARTE



Introducción



Desde la revuelta de Espartaco en año 73 a. C. contra la opresión de la esclavitud, ningún pueblo sometido se había sublevado exitosamente contra el yugo de las cadenas. En 1791, Toussaint Louverture, fiel al principio según el cual los derechos naturales del ser humano eran imprescriptibles, retomó la antorcha de la lucha por la emancipación, a semejanza del legendario gladiador romano, y reivindicó así el derecho del pueblo negro a la libertad.[1]



La insurrección de los explotados rompió las cadenas de la servidumbre colonial y abrió la vía a la independencia de Haití, primera nación del Nuevo Mundo en conquistar su libertad. La influencia decisiva de Toussaint Louverture y del pueblo haitiano en la independencia de América Latina todavía no se aprecia en su justa medida. Los esclavos negros de Santo Domingo, al llevar a cabo una lucha encarnizada contra los opresores franceses, marcaron el camino de la soberanía a los pueblos sometidos del continente y cambiaron el curso de la historia.



¿Cuál fue la trayectoria del Héroe Nacional haitiano? ¿Cómo logró destruir el sistema esclavista, conquistando la libertad de su pueblo? ¿Cómo se convirtió en el primer organizador de la nación?



Toussaint Louverture, indignado desde su más temprana edad por la esclavitud que sufriría en carne propia, lideraría la revuelta de los aplastados y combatiría la violencia colonial del imperio francés. El Primero de los Negros se uniría luego a los rangos de la Revolución emancipadora liderada por Maximilien Robespierre, reunificaría la isla expulsando a los españoles y a los ingleses y organizaría la nación dotándola de una ambiciosa Constitución. Traicionado por Napoleón, el cual se negaría obstinadamente a aceptar el destino de la primera nación de América Latina en conquistar su independencia, Toussaint Louverture terminaría su vida en una mazmorra del Jura, lejos de la tierra que liberó, legando al Nuevo Mundo el ejemplo de la dignidad conquistada en la lucha. En efecto, la Revolución Haitiana, madre de todas las Revoluciones de América Latina, abriría el camino a la emancipación de los pueblos del continente de la tutela colonial europea.



1. Toussaint antes de la Revolución Haitiana



François-Dominique Toussaint nació esclavo el 20 de mayo de 1743 en la plantación de Bréda bajo el reinado de Louis XV, en Haut-du-Cap en el norte de la isla de Santo Domingo en el seno de una familia de cinco hijos cuyos antepasados fueron arrancados a la tierra de Benín. La isla era entonces la colonia más rica de Francia, gracias a la producción azucarera que era el cultivo clave de la época, el oro blanco del siglo XVIII. Como sus hermanas y hermanos, fue empleado como doméstico y cochero por el dueño, Bayon de Libertat, entonces intendente de la propiedad que pertenecía al Conde de Noé, lo que le permitió evitar la explotación, ritmada con latigazos, de los cañaverales. Sin embargo, pudo observar con impotencia e indignación la suerte de los suyos extenuados por el peso de la servidumbre. Caían unos tras otros de agotamiento, sufrían la crueldad de los dueños y eran víctimas de enfermedades. La esperanza de vida de un esclavo era entonces de 37 años. Quienes intentaban escapar a su destino eran despiadadamente perseguidos y castigados. Si escapaban por primera vez, se les cortaba un brazo. Si escapaban una segunda vez, se les cortaba una pierna. Al tercer intento, eran asesinados. Los colonos sembraban así el terror entre las poblaciones negras.[2]



En 1776, Toussaint Bréda consiguió su libertad y se libró de la esclavitud que asolaba a la inmensa mayoría de los habitantes negros. Con relativa libertad, se dedicó a la agricultura y encabezó una pequeña propiedad mantenida por 13 esclavos, uno de los cuales –Jean-Jacques Dessalines– se convertiría en su fiel ayudante y marcaría la historia de Haití.[3]



Toussaint era un hombre dotado de una notable inteligencia, de una cultura rica y variada, que se nutrió de las ideas de los grandes pensadores de la Ilustración. En 1789, cuando estalló la Revolución Francesa liderada por la burguesía negociante que tenía el poder económico y que aspiraba a conseguir el poder político, la isla, habitada por unos 30.000 blancos y 40.000 mulatos, gozaba de una prosperidad notable gracias a la explotación de 550.000 esclavos. Cuatro categorías componían entonces la colonia de Santo Domingo: los grandes colonos que poseían la mayor parte de las riquezas procedentes del sometimiento del pueblo negro, los pequeños propietarias y obreros apodados “los pequeños blancos”, los mulatos que eran hombres libres pero explotados por los terratenientes y los esclavos negros cuya suerte era vivir una existencia de miseria. El mensaje emancipador de la Revolución Francesa difundido por la voz de Maximilien Robespierre, guía moral y político del proceso de transformación social, regó las conciencias de todos los habitantes de las colonias. Los explotados pusieron entonces en tela de juicio los privilegios establecidos, denunciaron las jerarquías sociales y reivindicaron su derecho a la libertad y a la igualdad.[4]



2. La revuelta de los esclavos de 1791 y el surgimiento de Toussaint Louverture



El 14 de agosto de 1791, bajo la egida de Dutty Boukman, George Biassou y Jean-François Papillon, los esclavos del Norte, indignados por su condición y motivados por el impulso revolucionario procedente de la metrópoli, se levantaron contra la opresión colonial durante la ceremonia de Bois Caïman, acto fundador de la Revolución Haitiana. Toussaint, con 48 años, se involucró al lado de los insurrectos como médico, gracias a sus conocimientos homeopáticos. Su inteligencia, su autoridad natural y su valentía en combate le permitieron convertirse rápidamente en primer ayudante de Biassou y conseguir el grado de coronel.[5]



Su nuevo rango lo llevó así a frecuentar a los realistas opuestos al proceso revolucionario en Francia y a los oficiales fieles a Luis XVI. Clarividente, sacó provecho rápidamente de esos contactos y aprendió los principios del arte de la guerra, lo que le permitió formar a soldados capaces de rivalizar con las mejores tropas coloniales. Su destreza en el campo de batalla y su capacidad de abrir brechas en las líneas enemigas le valieron el apodo de “Louverture”, “La Apertura”. [6]



En 1793, España, que ocupaba la otra mitad de la isla (futura República Dominicana), entró en guerra contra Francia, tras la ejecución de Luis XVI, miembro –como el soberano español Carlos IV– de la dinastía real de los Borbones. Madrid apoyó a los insurrectos haitianos y les propuso integrar sus filas y llevar a cabo la lucha contra la metrópoli colonial. Toussaint Louverture y sus hombres aceptaron la oferta por razones tácticas y tejieron una alianza de circunstancia contra un enemigo común. En efecto, la esclavitud también estaba vigente del lado español y sólo se aboliría en 1844 con la conquista de la independencia de República Dominicana. El 29 de agosto de 1793, Toussaint Louverture lanzó una proclama al pueblo y propuso a sus compañeros un nuevo destino: “Quiero que la libertad y la igualdad reinen en Santo Domingo. Trabajo para que existan. Únanse, hermanos, y combatan conmigo por la misma causa. Desarraiguen conmigo el árbol de la esclavitud”.[7]





3. Al servicio de la Revolución Francesa



El 4 de febrero de 1794, frente a la insurrección de Santo Domingo, la República Francesa decidió abolir la esclavitud, convencida de la necesidad moral, histórica y política de semejante acto. Maximilien Robespierre, miembro de la sociedad de los “Amigos de los Negros” en los Jacobinos, había militado desde 1791 contra la servidumbre colonial de los pueblos de color. En un discurso en la Asamblea Constituyente del 13 de mayo de 1791, el Incorruptible había denunciado la trata negrera:



A partir del momento en que en uno de sus decretos, ustedes habrán pronunciado la palabra ‘esclavos’, habrán pronunciado a la vez su deshonor y el derrocamiento de su Constitución.



[…] Si yo pudiera sospechar que, entre los adversarios de los hombres de color, se encontrara algún enemigo secreto de la libertad y de la Constitución, yo creería que hubieran buscado a crear un recurso para atacar siempre con éxito sus decretos para debilitar sus principios, para que les pudieran decir algún día, cuando se tratara del interés directo de la metrópoli: ustedes nos alegan sin cesar la Declaración de los derechos humanos, los principios de la libertad, y ustedes creyeron tan poco en eso que decretaron constitucionalmente la esclavitud. El interés supremo de la nación y de las colonias es que sean libres y que no derroquen con sus propias manos las bases de la libertad. Perezcan las colonias, se debe costarles su felicidad, su gloria, su libertad. Repito: perezcan las colonias y los colonos quieren con sus amenazas, forzarnos a decretar lo que conviene más a sus intereses. Declaro en nombre de la Asamblea, en nombre de los miembros de esta Asamblea que no quieren derrocar la Constitución, en nombre de la nación entera que quiere ser libre, que no sacrificaremos a los diputados de las colonias, ni la nación, ni las colonias, ni la humanidad entera.[8]



Cuando la Francia decretó oficialmente la abolición de la esclavitud, hizo ciudadanos franceses a cerca de un millón de esclavos en todas las colonias. El gobernador general Etienne Lavaux, encargado de la isla, entró entonces en contacto con Toussaint Louverture para convencerlo de unirse a las filas de la Revolución Francesa. Unos meses antes, Felicité-Léger Sonthonax, comisario civil de la República, había decretado unilateralmente la abolición de la esclavitud en la provincia Norte de Santo Domingo para poner fin a la revuelta de los insurrectos. Así, en mayo de 1794, el líder haitiano, el cual ya se había emancipado de la autoridad de Biassou, decidió abandonar al ejército español y aliarse con los franceses, convencido de que la libertad del pueblo negro se encontraba entonces del lado de la República.[9]



Líder aguerrido con un conocimiento perfecto del terreno, combatiente respetado por sus hombres y temido por sus adversarios, a la cabeza de un ejército disciplinado de 4.000 hombres, Toussaint Louverture era un aliado importante. El general Lavaux, que tenía que enfrentar a los colonos refractarios, a los realistas sediciosos, a los soldados españoles e ingleses, era consciente del aporte del líder negro a la causa republicana. Decidió entonces nombrarlo general de brigada y restablecer la paz en el Norte. Gracias a la dedicación de sus hombres, pagando él mismo el precio de la sangre con no menos de diecisiete heridas de guerra, Toussaint Louverture retomó el control de la región, neutralizó a los ingleses, derrotó a las bandas insurrectas de sus antiguos aliados y obligó a los españoles a abandonar el territorio francés. Un año más tarde, en 1795, España, vencida, capituló, firmó un tratado de paz con Francia y renunció a su soberanía sobre Santo Domingo.[10]



El ascenso de Toussaint Louverture fue fulgurante. En 1796, se convirtió en Teniente-gobernador de Santo Domingo y en 1797 en General en Jefe del ejército. En 1798, acorralados por las fuerzas del General en Jefe, los ingleses decidieron abandonar sus últimos bastiones y firmaron un acuerdo de evacuación general a cambio de una cooperación comercial. El Consejo de los Quinientos, una de las dos asambleas legislativas del Directorio de 1795 a 1799, equivalente a la Asamblea Nacional de hoy, decidió entonces nombrarlo “Benefactor de Santo Domingo”, gracias al apoyo del gobernador Lavaux, electo diputado y que había trabado amistad con Toussaint Louverture. El jefe negro se convirtió así en el líder emblemático e indiscutido del pueblo de la isla, y particularmente de los explotados que veían en él la esperanza de una emancipación definitiva y el símbolo de su aspiración a una vida decente.[11]



4. La guerra Norte/Sur



Frente a la popularidad de Toussaint Louverture y preocupado por su influencia, el gobierno francés –el Directorio– decidió en abril de 1798 enviar al general Hédouville para observar la situación en Santo Domingo. El Norte estaba entonces controlado por Toussaint Louverture y se componía mayoritariamente de una población negra. El Sur, principalmente mestizo, estaba bajo el control del general André Rigaux, procedente él mismo de una poderosa familia mulata.[12]



Para contener la influencia de los dos líderes, el representante del Directorio tramó un plan para crear un conflicto entre ellos. Pidió entonces a Toussaint Louverture que procediera al arresto de Rigaux, acusado de ser responsable de serios disturbios en el Sur de la isla. Sagaz, el Benefactor de Santo Domingo entendió rápidamente la estratagema de la división del Directorio y no cayó en la trampa. Expresó entonces su rechazo al general y le recordó el concurso decisivo de Rigaux en la defensa de la República y en la lucha contra los ingleses.[13]



Toussaint Louverture se acercó a Rigaux para informarlo de la conspiración urdida por el gobierno francés contra ellos. Le propuso entonces poner sus diferendos aparte y tejer una alianza contra Hédouville en nombre del interés del pueblo de Santo Domingo. La salvación de la isla pasaba por la unión de las fuerzas presentes. Pero, lejos de aceptar la mano tendida por el líder del Norte, Rigaud decidió, al contrario, aliarse con Hédouville para eliminar a Toussaint Louverture.[14]



Hombre prudente y avisado, Toussaint Louverture descubrió la deslealtad del jefe sudista. Concluyó que el conflicto era inevitable. El líder de la isla era consciente de que el desencadenamiento de las hostilidades sólo era una cuestión de tiempo. A finales del año 1798, tomó la decisión de expulsar al conspirador Hédouville, que nunca dejó de conspirar en el país. Ése, como último acto de sedición, incitó a Rigaux a que entrara en rebelión contra el poder militar central de Santo Domingo dirigido por Toussaint Louverture: “Lo libero de la obediencia al general del ejército de Santo Domingo. Usted comandará en jefe toda la parte del Sur”.



Con el apoyo del Directorio, Rigaux lanzó una ofensiva con el objetivo de eliminar a su rival y asentar su dominio en la isla. El 9 de junio de 1799 se apoderó de Petit Goâve, dando inicio a una guerra sangrienta y fratricida. Una gran parte de los oficiales mulatos del ejército de Toussaint Louverture desertó para aliarse con Rigaux. Gran estratega, el líder negro replicó tomando el control de Jacmel, punto estratégico del Sur, en enero de 1800, tras un sitio de varios meses. Acosado por todas partes por las fuerzas louverturistas, Rigaux y su círculo íntimo tuvieron que abandonar la lucha y refugiarse en Francia.[15]



-Salim Lamrani es doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, profesor titular de la Universidad de La Reunión, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, ¡palabra a la defensa!, Hondarribia, Editorial Hiru, 2016.

http://www.tiendaeditorialhiru.com/informe/336-cuba-palabra-a-la-defensa.html

Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel



Fuente original: https://www.humanite.fr/toussaint-louverture-la-dignite-revoltee-673071




Notas




[1] Max Gallo, Les Romains : Spartacus, la révolte des esclaves, Paris, Fayard, 2006.


[2] Jean-Louis Donnadieu & Philippe Girard, «Nouveaux documents sur la vie de Toussaint Louverture», Bulletin de la Société d’Histoire de la Guadeloupe, número 166-167, septiembre de 2013, diciembre-enero-abril de 2014, p. 118.


[3] Jacques de Cauna, «Dessalines, esclave de Toussaint ?», Outre-Mers: Revue d’Histoire, junio de 2012, 319-322. https://www.persee.fr/doc/outre_1631-0438_2012_num_99_374_4936 (sitio consultado el 11 de marzo de 2019).


[4] Revue de la Révolution française, «Plan pour la conquête de Saint-Domingue (1806)», Volumen 8, 1886, p. 91.


[5] Victor Schoelcher, Conférence sur Toussaint Louverture, général en chef de l’armée de Saint-Domingue, Pointe-à-Pitre, Editions Panorama, 1966, p. 9.


[6] Saint-Rémy, Vie de Toussaint Louverture, París, Hoquet, 1850, p. 112.


[7] Jean Fouchard, Les marrons de la liberté, París, Editions de l’Ecole, 1972, p. 551.


[8] Maximilien Robespierre, Discours contre l’esclavage, 13 de mayo de 1791.


[9] Marcel Dorigny (dir.), Léger-Félicité Sonthonax. La première abolition de l’esclavage. La Révolution française et la Révolution de Saint-Domingue, Paris, Société française d’histoire d’Outre-Mer et Association pour l’étude de la colonisation européenne, 2005 (1ª édición, 1997).


[10] Toussaint Louverture, Mémoires du Général Toussaint Louverture, París, Pagnerre, 1853, p. 93-94.


[11] Gragnon-Lacoste, Toussaint Louverture, Général en chef de l’armée de Saint-Domingue, surnommé le Premier des Noirs, Paris, Durand & Pedone-Lauriel, Bordeaux, Feret et Fils, 1877, p. 176.


[12] Alain Yacou (dir.), Saint-Domingue espagnol et la révolution nègre d’Haïti, París, Editions Karthala, 2007, p. 239.


[13] Ibid., p. 239-41.


[14] Thomas Madiou fils, Histoire d’Haïti, Port-au-Prince, Imprimerie Courtois, 1847, Tomo 1, p. 252.


[15] Thomas Madiou fils, Histoire d’Haïti, Tome 1, op. cit., p. 252.

https://www.alainet.org/es/articulo/200418

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