vendredi 13 octobre 2017

Resolución del Comité Central del PCPE ante la demanda presentada por el grupo Suárez-Díaz

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El Pleno del Comité Central del PCPE, una vez informado sobre las acciones legales emprendidas contra nuestro Partido por el grupo encabezado por Carmelo Suárez y Julio Díaz, declara lo siguiente:
1) El recurso a los Tribunales es una nueva medida de agresión -desesperada- de este grupo para tratar de liquidar a nuestro Partido. Quienes con sus acciones buscaron en el pasado reciente destruir al PCPE y a los CJC, carecen hoy de la más mínima legitimidad para reclamar el nombre del Partido.
2) Esta nueva maniobra, que se suma a las que ya hemos denunciado a raíz de nuestro V Pleno, tiene como uno de sus objetivos dejar sin efecto las sanciones acordadas contra ellos por este Comité Central y ratificadas por la Conferencia Central del 20 de mayo. Pretenden erigirse en representantes de un Partido cuya militancia y sus órganos han dejado bien claro que no aceptan más maniobras ni intentos de liquidación.
3) Con su actitud, propia de quienes durante años consideraron que el PCPE era su cortijo particular, vuelven a confirmar su incapacidad política y la total falta de respeto a la voluntad de la militancia comunista.
Tras las amenazas y difamaciones que ejecutaron inmediatamente después del V Pleno, se reiteran en una actitud muy alejada de la cultura comunista, pretendiendo que sean otros los que les resuelvan los problemas que ellos mismos generaron con su actitud prepotente, personalista y totalmente irrespetuosa de los principios y normas rectoras de todo Partido Comunista que se precie de serlo.
4) Si las acciones matoniles, las calumnias, las mentiras y las manipulaciones no nos amedrentaron en el pasado, mucho menos van a hacerlo ahora, cuando encaramos la recta final de un proceso congresual que cerrará esta lamentable etapa en la vida de nuestro Partido y abrirá un nuevo camino de desarrollo organizativo y político.
5) Es este hecho el que molesta al grupo liquidador: que se abre un proceso para sacar a nuestro Partido de la irrelevancia política, que hay voluntad y capacidad para desarrollar las tareas que durante años hemos renunciado a ejecutar, y que ellos, que hasta hace poco ocuparon las principales responsabilidades en él, no forman parte de la nueva etapa porque fueron descubiertas y denunciadas su maniobras internas.
6) Con su actitud pretenden paralizarnos, entretenernos, retrasarnos en nuestras tareas, pero no lo van a conseguir. Desconocen que la legitimidad política no la otorgan los tribunales, sino el trabajo político coherente, sistemático y organizado. Desconocen que nuestra batalla por la recuperación de un gran Partido Comunista en España, independiente en lo ideológico y realmente implantado entre la clase obrera, continuará a pesar de sus maniobras y sus actos desesperados.
Han optado por la vía menos deseable, han dinamitado la escasa credibilidad que todavía podían tener y piensan que nos arrastrarán con ellos al pantano en que se encuentran. Pretenden ganar en los tribunales la legitimidad que perdieron en la Conferencia Central del 20 de mayo. Ellos han elegido que los asuntos de nuestro Partido los dilucide un juez, actuando así contra nuestros mecanismos de legalidad interna, ellos han optado por ensuciar las siglas de nuestro Partido. Por tanto sólo a ellos corresponde toda la responsabilidad de lo que pueda ocurrir en el futuro, porque si piensan que acudiremos inermes a esta nueva batalla por la defensa del Partido Comunista en nuestro país se equivocan plenamente.


En Madrid, a 13 de octubre de 2017.

La cantante Bebe, sobre España: "Una dictadura casi peor que la anterior; parece que somos libres, pero es todo mentira"

8/10/2016 - 13:49

  • La cantante explica que en la política actual "el despiporre que hay es increíble"
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La cantante Bebe, durante un concierto. Imagen: Wikipedia
La cantante extremeña María Nieves Rebolledo, más conocida artísticamente como Bebe, ha protagonizado este fin de semana unas controvertidas declaraciones al respecto de la situación política por la que atraviesa España.

En palabras concedidas a El Mundo, Bebe comienza explicando que "había una vez un país muy bonito, con un clima maravilloso y unas carreteras divinas, que venía de haber pasado una tremenda, terrible y horrorosa época de una dictadura".
"Después, las personas empezaron a expresar lo que pensaban para ponerse de acuerdo y ese país se convirtió en algo mejor de lo que era", continúa. Sin embargo, Bebe percibe que "de repente, cuando más guapo estaba, ese país entró otra vez en una tremenda dictadura, casi peor que la anterior, salvando las distancias, porque la anterior se sabía lo que era, pero la de ahora estaba muy camuflada".
"Era la dictadura de lo políticamente correcto", lamenta, considerando que "parece que todos somos muy libres, todos tenemos derecho a opinar, pero en realidad es todo mentira, tenemos que tener mucho cuidado".
Bebe concluye su reflexión asegurando que "por lo menos antes había censores y sabíamos qué era un censor, ahora hay que tener mucho cuidado, hay días que tienes que tener mucho cuidado con la boca".
Además, la cantante explica que en la política actual "el despiporre que hay es increíble", en parte debido a "que hay demasiado problema de ego" y pide que "los partidos deberían remar a la vez", ya que "en realidad tienen muchas cosas en común", pero lamenta que "estamos a merced de unos niños grandes y caprichosos".
No es esta la primera vez que Bebe protagoniza una polémica como esta, toda vez que años atrás llamó "hijos de puta" a un grupo de periodistas y espetó un "que os follen" que dejó a pocos indiferentes entre los presentes.
Cómo la UE provoca los sentimientos separatistas y por qué "habrá más Cataluñas"
Publicado: 12 oct 2017 12:37 GMT


Bruselas ha tomado una posición demasiado pasiva en el conflicto entre Madrid y Barcelona, opina un experto.
Cómo la UE provoca los sentimientos separatistas y por qué "habrá más Cataluñas"
Dos edificios de apartamentos cubiertos de gigantescas banderas de España en un suburbio de Madrid (España), el 11 de octubre de 2017.
Andrew Winning / Reuters
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La existencia misma de la Unión Europea provoca sentimientos separatistas en Cataluña y en otros lugares del continente, sostiene en un artículo para Carnegie.ru el profesor de la Nueva Escuela Económica de Rusia Rubén Yenikolópov.
El analista, que propone analizar la crisis catalana desde el punto de vista de los intereses de los políticos, en vez de los del "pueblo de España" y del "pueblo de Cataluña", opina que la UE ha tomado una posición demasiado pasiva en el conflicto entre Madrid y Barcelona, y pronostica que habrá "más Cataluñas".

Creciente desequilibrio 

A su juicio, el problema fundamental es la discrepancia entre la gran influencia económica de Cataluña y su influencia política a nivel nacional, que ha caído significativamente en los últimos años, coincidiendo con la llegada al poder del Partido Popular llegara en 2011.
El presidente de la Generalidad catalana, Carles Puigdemont, firma la declaración de independencia en el Parlamento regional de Cataluña en Barcelona (España), el 10 de octubre de 2017. / Albert Gea / Reuters
Este desequilibrio hizo que los problemas entre Madrid y Barcelona "comenzaran a acumularse rápidamente", llegando al día de hoy a "una crisis política a gran escala".

Falta de compromisos

Se podría resolver este problema y restaurar el equilibrio si al menos una de las partes "tuviera incentivos para hacer compromisos", pero "por desgracia", ni los políticos de Madrid ni los de Barcelona los tienen, se lamenta el experto.
  • Así, la estrategia del Partido Popular consiste en "aumentar el apoyo entre sus votantes conservadores", que se oponen a "cualquier concesión" en la cuestión catalana, en vez de intentar resolver la crisis y ganar a los votantes más moderados.
  • A su vez, el actual liderazgo de Cataluña tampoco está dispuesto a comprometerse. El presidente de la Generalidad de Cataluña, Carles Puigdemont, "es político de una idea": la de la independencia de Cataluña, detalla el analista. Yenikolópov explica que la "independencia en suspenso" declarada por Puigdemont el 10 de octubre es quizás la posición más cercana al compromiso que podría adoptar.

Polarización política

Según Yenikolópov, la situación en Cataluña "refleja la tendencia general" que se ha observado en los últimos años en un número creciente de democracias desarrolladas: los políticos, en lugar de luchar por los votantes moderados, prefieren tratar de aumentar la participación entre sus partidarios más radicales.
Como resultado, la polarización política ha aumentado bruscamente, y la capacidad de los opositores de negociar, por el contrario, ha disminuido. A su vez, la radicalización política conduce a la radicalización de la sociedad, añade el autor del artículo.

Enfoque pasivo de Bruselas

La situación en Cataluña demuestra también que el creciente radicalismo en las cuestiones políticas internas y la incapacidad para el diálogo puede convertirse rápidamente en un problema internacional "que amenaza la estabilidad interna de toda Europa", asevera Yenikolópov. 
Es por eso por lo que el enfoque adoptado por Bruselas, que hasta ahora se ha limitado a llamar al respeto del Estado de derecho, puede "quitar los síntomas, pero no cura la enfermedad", señala el experto. A su juicio sería "mucho más sensato" para la UE tomar una posición más activa en las negociaciones entre Madrid y Barcelona.  

Tentación supranacional

Para el analista, "la ironía" radica en el hecho de que la propia existencia de la Unión Europea y las perspectivas de unirse a ella algún día en calidad de un Estado independiente "provoca el sentimiento separatista en Cataluña, y no solo allí".
El experto explica que grandes países proporcionan a sus regiones muchos servicios y bienes públicos que les serían inaccesibles si fueran independientes (moneda propia, regulación bancaria, comercio exterior, etc.), a cambio de su permanencia dentro del Estado. Por su parte, la creciente influencia de las organizaciones supranacionales y los tratados multilaterales ha hecho que muchos de estos bienes puedan obtenerse siendo un pequeño país independiente.
Una multitud ve la sesión del Parlamento de Cataluña en una pantalla gigante en un mitin a favor de la independencia en Barcelona, España, 10 de octubre de 2017. / Ivan Alvarado / Reuters
Lo más probable es que esta "tentación", en última instancia, conduzca a un aumento de la descentralización, advierte Yenikolópov, para concluir que ignorar estas tendencias podría provocar el crecimiento de la tensión, conflictos abiertos y la desintegración de los Estados.

jeudi 12 octobre 2017

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Tesis del Comité Central del Partido Comunista de México sobre el centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre
1.-  Hace cien años, el 7 de Noviembre de 1917 (25 de Octubre según el viejo calendario) triunfó la Gran Revolución Socialista de Octubre, derrocando al poder burgués e instalando el poder obrero, lo que abrió una nueva época en la historia de la humanidad y de la lucha de clases, la transición del capitalismo al socialismo-comunismo.
2.- Con excelente precisión, sincronización, con disciplina y heroicidad, el proletariado, organizado y dirigido por el Partido Comunista Bolchevique tomó el poder, para poner fin a la guerra imperialista, buscar la paz, socializar los medios de producción, entregar la tierra a los campesinos, liberar a las nacionalidades oprimidas, construir una vida mejor. La insurrección es un arte, escribió Lenin en las Cartas desde Lejos, retomando las enseñanzas de Marx sobre La Comuna de París; y, escribiendo páginas brillantes, el proletariado, dirigido por el Comité Militar Revolucionario, adjunto al Comité Central del Partido Comunista Bolchevique, conmovió y cambió al Mundo, cimbrándolo hasta sus cimientos al tomar el Palacio de Invierno, las principales guarniciones, centros de comunicación y medios de producción. Desde el Smolny latía el corazón de la nueva época histórico-universal del socialismo-comunismo, cuyo parto fue anunciado por los cañonazos del buque Aurora. Los sepultureros del capitalismo organizados en su Partido Comunista, anunciaron así el principio del fin de la oprobiosa explotación del trabajo asalariado. La clase obrera rompía sus cadenas y se convertía en sepulturera de la explotación.
 
3.- Como heredera y continuadora de las luchas proletarias que bajo la bandera del Manifiesto del Partido Comunista se libraron con las revoluciones de 1848 en Europa y de la Comuna de París en 1871, emergió la Revolución Proletaria de 1917, resultado también de la experiencia de la clase obrera y su partido comunista en las Revoluciones de 1905 y Febrero de 1917.
4.- Con la Gran Revolución Socialista de Octubre se produjo un viraje radical en el otrora imperio ruso, en toda Europa y en el Mundo. Se abrió una nueva etapa en la Historia. Por primera vez una sociedad donde el poder es ejercido por la mayoría en su propio beneficio; a diferencia de toda experiencia histórica anterior donde una clase dominante caduca y reaccionaria era desplazada por una nueva clase dominante, ahora eran los dominados, los oprimidos, los explotados, la clase obrera la arquitecta de su destino, emancipándose y emancipando. Por primera vez no es una minoría, no son los ricos, no son únicamente los cultos, sino la verdadera masa, la inmensa mayoría de los trabajadores quienes crean por si mismos una vida nueva, quienes resuelven con su propia experiencia los dificilísimos problemas de la organización socialista. Como explica F. Engels: “todas las revoluciones –anteriores- se habían reducido al derrocamiento y sustitución de una determinada dominación de clase por otra; pero todas las clases dominantes anteriores solo eran pequeñas minorías, comparadas con la masa del pueblo dominada. Una minoría dominante era derribada, y otra minoría empuñaba en su lugar el timón del Estado y amoldaba a sus intereses las instituciones estatales”[1]
La Revolución de Octubre es una Revolución Socialista; una Revolución de carácter socialista, dirigida por la clase obrera, que dejó de ser clase en sí, convirtiéndose en clase para sí. Fue engendrada por el desarrollo del capitalismo, que mostró así sus límites históricos. Vladimir Ilich Lenin, el jefe del proletariado revolucionario internacional escribió sobre ello así: “La guerra imperialista es la víspera de la revolución socialista. Ello no sólo se debe a que la guerra engendra, con sus horrores, la insurrección proletaria –pues no hay insurrección capaz de instaurar el socialismo, si no han madurado las condiciones económicas para él- sino a que el capitalismo monopolista de Estado es la preparación material más completa para el socialismo, su antesala, un peldaño de la escalera histórica entre el cual y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio.”[2]
La cosmovisión científica del proletariado, las ideas del socialismo científico, elaboradas por Marx y Engels, enriquecidas cualitativamente por Lenin, demuestras contundentemente la inevitabilidad histórica de las Revoluciones Socialistas, en una parte debido a que las fuerzas productivas rebasan los estrechos diques de la sociedad capitalista en que la minoría capitalista se apropia del trabajo y las riquezas producidas por la inmensa mayoría; por otra parte a que las condiciones de vida de la clase obrera la empujan necesariamente a la revolución social.
La transformación del capitalismo de la librecompetencia en capitalismo de los monopolios, estudiada por Lenin y los bolcheviques, y expresada en la teoría del imperialismo como fase superior y última del capitalismo, permitió al partido revolucionario del proletariado redactar un programa científico y una estrategia revolucionaria para la toma del poder. El programa y estrategia de los comunistas bolcheviques refutaba la posición de la II Internacional, de revisionismo del marxismo practicado por la socialdemocracia reformista. Frente al gradualismo, al parlamentarismo, a la colaboración de clases, los bolcheviques rescataron al marxismo de las deformaciones y tergiversaciones de Bernstein, Kautsky, los “marxistas legales”, entre otros, restableciéndolo como ideología revolucionaria de la clase obrera en la lucha contra el capitalismo y por el socialismo. En Materiales sobre la revisión del programa del partido, Lenin establece las consideraciones que dan lugar a las nuevas bases programáticas de los comunistas una vez que el capitalismo se ha convertido en capitalismo de los monopolios, en imperialismo:
 “El capitalismo mundial ha llegado, actualmente, más o menos desde principios del siglo XX, a la fase del imperialismo. El imperialismo o la época del capital financiero es la economía capitalista tan altamente desarrollada en la que las uniones monopolistas de los capitalistas –los sindicatos de industriales, los cártels y los trusts- han adquirido una importancia decisiva, el capital bancario de enorme concentración se ha fundido con el industrial, la exportación de capital a otros países se ha desarrollado en colosales proporciones, el territorio de todo el mundo está ya repartido entre los países más ricos y se ha iniciado el reparto económico del mismo entre los trusts internacionales.
En esta situación son inevitables las guerras imperialistas, es decir las que se libran por la dominación mundial, por la conquista de mercados para el capital bancario y para avasallar a los pueblos pequeños y débiles. Y, precisamente así, es la primera gran guerra imperialista de los años 1914-1917.
El grado extraordinariamente alto de desarrollo del capitalismo mundial en general; la sustitución de la libre competencia por el capitalismo monopolista; la preparación por los bancos y las uniones de capitalistas de un personal especial para la regulación social del proceso de producción y distribución de los productos; el aumento de la carestía y la opresión de la clase obrera por los monopolios y la complicación gigantesca de la lucha económica y política de dicha clase debidos al crecimiento de los monopolios capitalistas; los horrores, las calamidades, la ruina y el embrutecimiento engendrados por la guerra imperialista: todo esto hace que el actual grado de desarrollo del capitalismo signifique la era de la revolución socialista proletaria.
Esta era ha comenzado.
Únicamente la revolución proletaria, socialista, puede sacar a la humanidad del callejón sin salida creado por el imperialismo y las guerras imperialistas. Sean las que fueren las dificultades de la revolución y sus posibles reveses temporales y olas de contrarrevolución, es inevitable la victoria definitiva del proletariado.
Por eso se plantea en el orden del día de la época que vivimos, dadas las condiciones objetivas, la preparación inmediata del proletariado en todos los aspectos para la conquista del poder político a fin de llevar a cabo las medidas económicas y políticas que forman el contenido de la revolución socialista”
Resulta fuera de lugar, que cuando se ha cumplido un siglo de la elaboración teórica del marxismo-leninismo sobre el imperialismo, sobre el Estado, y del triunfo de la primera Revolución Socialista, existan dentro del movimiento comunista internacional quienes consideren necesario peldaños intermedios, etapas intermedias entre el capitalismo y el socialismo. Quienes eso plantean se asemejan programáticamente a los que integraban la II internacional y en un proceso similar a los que ocurrió con aquellos atraviesan por procesos de integración/absorción al sistema capitalista, convirtiéndose en defensores del orden burgués. En México, tenemos muy clara esta dolorosa lección histórica.: el Partido Comunista Mexicano, ya desde tempranas fechas había sido debilitado ideológica y orgánicamente por el oportunismo browderista y por las consecuencias del XX Congreso del PCUS sin embargo, fue la incomprensión del desarrollo del capitalismo en México, lo que lo orilló a la búsqueda de alianzas con un sector de la burguesía, así como a no resistir las presiones ideológicas, lo que lo llevó a su  disolución en 1981, convertido primero en Partido Socialista Unificado de México, y que 7 años más tarde lo llevaría finalmente a mutar en un Partido de la reforma social, entregando el registro electoral, los bienes y el patrimonio histórico de 70 años de lucha comunista, al Partido de la Revolución Democrática (PRD), partido socialdemócrata, defensor del orden social capitalista.
Con lealtad al legado de la Gran Revolución Socialista de Octubre, el Partido Comunista de México efectuó entre su IV y V Congreso una reelaboración programática, en la que quedan superadas las concepciones reformistas de la vía mexicana al socialismo, de democracia nacional, democracia popular y alianzas con la” burguesía nacional”, una concepción sobre una etapa intermedia que imperó entre los comunistas de México por más de medio siglo, que nunca nos acercó al objetivo, pero si condujo a un proceso liquidador. El Partido Comunista de México, como partido marxista-leninista, considera que la Revolución Socialista es la tarea inmediata de la clase obrera, y para ello trabaja. Fiel al legado de la Gran Revolución Socialista de Octubre, el PCM trabaja para refutar como callejones sin salida a los llamados gobiernos progresistas o gobiernos de izquierda, o cualquier forma de gestión del capitalismo encubierta en fraseología y retórica, tal como “socialismo del siglo XXI”, “socialismo andino”, etc.
Ni el poder en manos de la clase obrera, ni los medios de producción socializados, ni la economía desarrollada de acuerdo a un plan central, nada de ello han dejado tras de sí los gobiernos de alianza pluriclasista llamados progresistas, tras dos décadas de ejercicio; todo lo contrario, la burguesía de cada uno de éstos países y sus socios internacionales vieron incrementadas sus ganancias, y se ha fortalecido invariablemente el poder de los monopolios. Ahora que sus economías capitalistas son golpeadas por la crisis capitalista, que la etapa expansiva de sus mercados naturalmente da paso a la etapa de crisis de sobreacumulación, tales gestiones socialdemócratas han abierto la puerta a otras formas de gestión burguesa, donde las conquistas de los trabajadores son recortadas, negadas, etc., donde el apoyo popular es socavado y disminuido al sobrevenir la desilusión, y dónde en lugar de elaborar estratégicamente para el derrocamiento del poder de la burguesía se lanzan consignas para aguardar otros años y presionar para el recuperar en otro gobierno socialdemócrata algo de lo perdido. En pocas palabras, la dictadura burguesa permanece intacta.
De ninguna manera apoyaremos a tales gestiones burguesas, denominadas progresistas; o “revolución”, ciudadana, bolivariana, del “socialismo del siglo XXI”; Revolución es la clase obrera en el poder, como lo enseña el marxismo-leninismo.
5.- En la misma dirección consideramos un equívoco para el accionar del PCM y de los partidos comunistas y obreros los llamados “frentes antineoliberales” que dan lugar a alianzas pluriclasistas que convertidas en gobiernos solo abren paso a gestionar de manera distinta el sistema capitalista en cuestiones no esenciales. Por ello el PCM se ha opuesto decididamente al documento programático y estratégico conocido como Consenso de Nuestra América que intentó ser presentado como programa de los partidos comunistas de América Latina, en el Encuentro de Lima de partidos comunistas y revolucionarios del año 2016; por las mismas razones el PCM se ha separado del Foro de Sao Paulo, un instrumento de la socialdemocracia; por ello el PCM lucha porque los Encuentros Internacionales de Partidos Comunistas y Obreros conserven sus características comunistas y no se transformen en difusos encuentros de izquierda.
La Gran Revolución Socialista de Octubre comprobó, como lo subraya el Manifiesto del 20 de Noviembre de 1994 -que dio paso a la reorganización del Partido Comunista de México- la viabilidad de la clase obrera para la toma del poder. El poder soviético y la construcción socialista en la URSS, demostraron lo innecesario de los parásitos capitalistas, lo innecesario de la clase burguesa, lo innecesario de la patronal, pues con  la clase obrera al frente del nuevo Estado y de la economía, todo el proceso productivo continuó, las fabricas siguieron funcionando, y sobretodo mejoraron contundentemente las condiciones de vida de los trabajadores, se dieron pasos para la emancipación de la mujer, se aseguró con derechos sociales una mejoría admirable en la infancia, la juventud y la senectud; se elevó constantemente el nivel de educación, cultura, salud de la población. El poder obrero llevó a la URSS a convertirse en un país multinacional de gran desarrollo, demostrando la superioridad del socialismo sobre el capitalismo. El poder obrero y la construcción socialista demostraron que son lacras inherentes al capitalismo la opresión racial, la opresión de la mujer, el crimen, la guerra, y que la sociedad socialista con nuevas relaciones sociales, libera, emancipa y combate cualquier forma de opresión. Con la Gran Revolución Socialista de Octubre se demostró que las tesis del Manifiesto del Partido Comunista, y la obra teórica de Marx y Engels no eran una utopía, sino que la clase obrera puede tomar y ejercer el poder con la dictadura del proletariado.
La Gran Revolución Socialista de Octubre nos indica que el camino para la clase obrera, para los trabajadores de nuestro país y el Mundo, es prepararse para la toma del poder, y que el poder obrero es el camino viable para resolver los problemas a que nos enfrentamos de barbarie, guerra, hambre, miseria, desempleo, enfermedad, insalubridad, incertidumbre, analfabetismo, feminicidios, racismo, devastación ambiental, migración.
La Gran Revolución Socialista de Octubre demostró que el socialismo es superior al capitalismo. Hoy en el mundo capitalista la miseria persiste y se agrava, pues el 54 por ciento de la población mundial, 3,300 millones de personas viven con menos de dos dólares, de los cuales 1.200 millones sobreviven con menos de un dólar por día.
La insalubridad y la muerte por enfermedades son propias del capitalismo. Mientras los funcionarios del  Fondo Monetario Internacionales, de los monopolios de las farmacéuticas y los Bancos Centrales abogan por recortes en la sanidad pública y por su mercantilización, 8,000 seres humanos mueren diariamente por enfermedades curables.
El hambre es una amarga realidad para 1,000 millones de personas que cada día se quedan sin alimento. Al mismo tiempo el gobierno de los EEUU ordena la destrucción de parte de sus cosechas para mantener los precios convenientes a sus monopolios agroindustriales; la Unión Europea destina millones de euros para destruir cosechas, para llevar a cabo su guerra comercial con Rusia.
La apropiación privada de la riqueza socialmente producida persiste y se agrava. En contraste con los miles de millones de personas que incrementan año con año las innumerables filas de la pobreza, la riqueza continúa generándose y acumulándose en las cuentas fabulosas de la plutocracia. La riqueza se concentra en los monopolios y la clase obrera de todos los países está condenada al hambre y la miseria, a continuar como una famélica legión.
La sobreexplotación se manifiesta y se acrecienta. Las ganancias de los monopolios están en crecimiento y son alimentadas cada día y cada minuto mediante la intensificación y la prolongación de la jornada de trabajo del obrero, mediante la desvalorización de la fuerza de trabajo de todas las categorías y todas las capas de los trabajadores. A la clase obrera se le repite todo el tiempo que debe trabajar más y sacrificarse.
Al iniciar la crisis en 2008 los monopolios lanzaron a millones de trabajadores a la calle, a buscar ocupar en masa el empleo que anteriormente ocupaba otro trabajador agravando las condiciones de explotación, peores salarios, sin estabilidad, sin prestaciones, etc.
La gran crisis de sobreacumulación de éste sistema vuelve a colocar a la humanidad en un periodo de barbarie y guerra. Además de la explotación del trabajo asalariado el capitalismo en crisis se dirige al conflicto entre centros imperialistas para acceder de manera preferencial a las materia primas, a los recursos estratégicos, para controlar las rutas comerciales, para encontrar salida y mercados para sus capitales.
El mundo de paz que prometía la dominación exclusiva del capitalismo  no ha sido sino la preparación de una nueva conflagración interimperialista.
Los refugiados por guerras o persecuciones alcanzaron en 2015 la cifra record de 65.3 millones de personas. En su tránsito a través de mares, desiertos, selvas y carreteras, los refugiados se ven sometidos a innumerables tragedias e infamias. Ataques xenófobos, campos de concentración, depredación de las mujeres y niños, trabajo esclavo, golpes y vejaciones en las fronteras, etc., tal es el rostro de la humanidad bajo la transmutación de un sistema en total decadencia.
El capitalismo genera fenómenos tan monstruosos como la trata de personas, un reflejo de la trata de esclavos con la cual nacía de las entrañas del feudalismo. La trata de personas genera hoy en día aproximadamente 150,000 millones de dólares anuales. Mediante el tráfico de personas, trabajo forzado, endeudamiento que deviene en servidumbre, matrimonios forzados para el trabajo o explotación sexual con intercambio de dinero, etc., se estimó que para el 2016 existían 45.8 millones de personas en calidad de esclavos en todo el sentido de la palabra, una cifra que creció un siniestro 28% con relación al 2014. Toda esta infernal maquinaria tiene como objetivo obtener las máximas ganancias.
Otra expresión de la barbarie son los alarmantes y crecientes feminicidios que en México han alcanzado los 2,500 anualmente, donde principalmente las trabajadoras quedan a merced de ser violadas y asesinadas mientras que el Estado lo ignora, lo solapa, lo permite y concentra su fuerza policiaca en cuidar las inversiones de los monopolios.
Es claro que el capitalismo llegó a sus límites históricos, que es barbarie, guerra, muerte, sufrimiento, y que es necesario el socialismo-comunismo.
6.- Al considerar la vigencia y viabilidad de la cuestión de la conquista del poder y del poder obrero, como metas programáticas de los partidos comunistas, el PCM considera un deber la defensa del socialismo construido en el siglo XX y el posicionamiento correcto frente a las causas que posibilitaron la contrarrevolución que derrocó temporalmente al socialismo en la URSS y otros países socialistas.
El PCM ratifica lo aprobado en su IV Congreso en 2011, y compartido con otros partidos comunistas hermanos sobre la incompatibilidad de la construcción socialista con las relaciones mercantiles ya que son éstas últimas las que abren la puerta a la contrarrevolución. Nada tiene que ver con la Gran Revolución Socialista de Octubre teorías como la del “socialismo de mercado”, ni la renuncia a cualquiera de las características de la construcción socialista, a saber: poder obrero, control obrero, socialización de los medios de producción concentrados y planificación de la economía. Observamos con preocupación las medidas que se alejan de esa dirección en los países socialistas, así como en la base ideológica de los partidos comunistas en el poder; en el caso de la República Popular de China es constatable el predominio de las relaciones capitalistas, en otros países socialistas se camina sobre una línea donde se abren las puertas a la contrarrevolución.
7.- La Gran Revolución Socialista de Octubre no hubiese sido posible sin la existencia del partido comunista bolchevique y el partido comunista bolchevique no hubiese conquistado su lugar de vanguardia sin la teoría revolucionaria del proletariado: el marxismo-leninismo. El rol de los partidos comunistas no tiene sustituto alguno, ni por los movimientos, ni frentes, o por formaciones políticas de distinta naturaleza. Un partido comunista se define por su carácter de clase, por las normas leninistas de organización que conforman el centralismo democrático, por su base ideológica, por su unidad ideológica, programática y organizativa, por su adhesión incondicional al internacionalismo proletario. La base ideológica de cualquier partido comunista se sustenta en el materialismo dialéctico, materialismo histórico, economía política, socialismo científico. Partido comunista que no resiste la presión del enemigo de clase sobre  sus elementos de identidad comunista inicia un proceso de corrosión/disolución. El PCM considera la lucha contra el oportunismo, el revisionismo y el reformismo, elementos consustanciales a su existencia. El PCM siguiendo el ejemplo de los bolcheviques y la Gran Revolución Socialista de Octubre defiende su naturaleza clasista, revolucionaria e internacionalista. En los últimos años hemos tenido una polémica cerrada con aquellas teorías que atacan el rol de la clase obrera, su centralidad en la economía y en la política, que hablan de los sujetos emergentes, de nuevas subjetividades de nuevos sujetos políticos, con todos aquellos que nos tachan de dogmáticos por situarnos claramente en las posiciones filosóficas, ideológicas, económicas, políticas y organizativas del marxismo-leninismo. Refutamos la llamada “teoría crítica”,  la “latinoamericanización” del marxismo, la renuncia al leninismo,  la renuncia a la dictadura del proletariado.
El PCM concuerda con la vigencia de las ideas comunistas marxistas-leninistas frente al trotskismo, el bujarinismo y otras manifestaciones mencheviques, como el centrismo que ondea las banderas de la unidad ecléctica, y las confrontará en México y en el movimiento comunista internacional.
La Gran Revolución Socialista de Octubre comprobó el enriquecimiento de la teoría de marxismo por Lenin, y la justeza de que la cosmovisión científica de la clase obrera se denomine marxismo-leninismo, el marxismo de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias. Y el papel indispensable de la teoría en el Partido y en la Revolución. La obra de Lenin, la obra teórica del marxismo-leninismo son la herramienta invaluable del PCM y su juventud comunista, la FJC, en la lucha para organizar y conscientizar a la clase obrera, para fusionar al movimiento obrero con el socialismo científico.
Por la misma razón el PCM se posiciona en defensa de la verdad histórica y contra los ataques a los bolcheviques, a Lenin, a Stalin, a Zdhanov. Toda la mentira negra, la calumnia de los centros reaccionarios, no impedirá que más temprano que tarde la clase obrera y las nuevas generaciones de comunistas evalúen correctamente la contribución del conjunto del Partido Comunista Bolchevique, de la Internacional Comunista, y de todos los  grandes revolucionarios proletarios.
8.- El Partido Comunista de México considera que el mejor homenaje a la Gran Revolución Socialista de Octubre en su primer centenario es trabajar, redoblando esfuerzos, por el derrocamiento del capitalismo en México y por la construcción del socialismo-comunismo. Por lo que es un deber fortalecer sus filas y las de la FJC.
Por lo que seguiremos adelante con nuestro Plan Estratégico para la Toma del Poder, continuaremos con los esfuerzos por fortalecer las filas del Partido Comunista y de la FJC, nuestros órganos dirigentes centrales, intermedios, células y militantes, concentrando esfuerzos de crecimiento y penetración en los corredores industriales estratégicos, en las ciudades decisivas de la lucha de clases, en los sindicatos, continuaremos tendiendo los puentes y las alianzas para expresar el Frente Anticapitalista, Antimonopolista , tendiendo a elevar los reflejos y las capacidades de lucha de las masas proletarias, en acumular la influencia, la infraestructura, la capacidad organizativa y todo lo necesario para el momento de la insurrección, de la Revolución Socialista en México: la cita del PCM con la Historia.
Trabajaremos para que el movimiento comunista internacional supere sus dificultades, contribuyendo a la elaboración de una estrategia común frente al capitalismo en su fase imperialista. Ello pasa por fortalecer un polo de partidos marxistas-leninistas y a la Revista Comunista Internacional, e implica prepararse en pasos más decididos en lo cualitativo.
9.- La Gran Revolución Socialista de Octubre fue atacada por diversas expresiones burguesas, desde el liberalismo, la socialdemocracia, hasta el fascismo. En la preparación y consumación de la contrarrevolución en la URSS han tenido un papel de primer orden expresiones anti-comunistas como el trotskismo, el anarquismo y el nihilismo, las organizaciones y partidos de los distintos matices maoístas, el academicismo burgués y pequeño burgués, los ‘comunistas de izquierda’ y revisionistas de todo tipo como los euro-comunistas. No se trata de una cuestión intelectual menor, ni de pugnas entre ‘fracciones de la izquierda’. Las nociones de izquierda y derecha son ambiguas y estériles para analizar y afrontar la lucha de clases hoy en día. La Gran Revolución Socialista de Octubre, en su trayectoria, confirma el peligro del revolucionarismo pequeño burgués y de su afinidad con la burguesía y los centros imperialistas.
10.- La Gran Revolución Socialista de Octubre, en su desarrollo y a pesar del derrocamiento temporal, hecha por la borda conceptos tales como el de ‘socialimperialismo’ que le fue adjudicado por el maoísmo. Este término en especial es un sin sentido, ajeno completamente a las nociones fundamentales de la economía política marxista. El cual no encuentra respaldo material en la práctica, pese a la existencia de las relaciones mercantiles y retrocesos en la construcción del socialismo-comunismo, en la URSS y respecto al campo socialista. Ahí donde se presentaron condiciones revolucionarias para la clase obrera y los pueblos, la URSS se situó del lado opuesto a los imperialistas y codo a codo con los revolucionarios del mundo. Así se puso en marcha la revolución social y anti-colonial en los países asiáticos, africanos y latinoamericanos. Aquellos que han levantado la calumnia del socialimperialismo han marchado política y militarmente con la reacción, la burguesía y los imperialistas. Aquellos que han lanzado contra la construcción socialista en la URSS el epíteto del socialimperialismo han quedado hermanados para siempre con el nacionalismo, la fraseología revolucionaria, la tarea de desunión, erosión y liquidación del movimiento comunista internacional.
11.- Por diversos motivos, la Gran Revolución Socialista de Octubre jugó un papel fundamental para ampliar y profundizar los derechos de los trabajadores incluso fuera de las fronteras de la URSS y el campo socialista, en los propios países capitalistas. Tales derechos se han visto conculcados con la contrarrevolución. Hay una relación dialéctica entre el avance del socialismo en la URSS y el avance de los derechos y conquistas de la clase obrera internacional.
12.- La experiencia de la Gran Revolución Socialista de Octubre indica que la propiedad privada de los medios de producción y de cambio debe ser abolida y desterrada material e ideológicamente en todo intento de construcción socialista. La expresión más pequeña de propiedad engendra capitalismo y contrarrevolución. Además, esclareció históricamente el papel de los aliados, así como el carácter progresista y/o revolucionario de las diferentes clases y sectores de clase. Pauta fundamental para la construcción de un inmenso acervo político e ideológica para la continuidad intergeneracional de la lucha de clases por el socialismo-comunismo.
13.- Sin la Gran Revolución Socialista de Octubre no se hubiera contado con un respaldo material, económico, político y cultural firme para una cultura comunista mundial, una fraternización internacional militante de todas las clases obreras y la existencia misma de la III Internacional Comunista y, posteriormente, el germen de su posible continuidad: la Kominform.  El Partido Comunista en nuestro país es hijo directo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, desde su primera actuación en 1919, como de su continuidad a partir de 1994.
14.- Hereda la enseñanza de que la contrarrevolución burguesa sólo puede ser detenida, revertida y aplastada por la clase obrera y los sectores populares bajo una perspectiva anti-monopolista y anti-capitalista. Que incluso los derechos más elementales del ser humano y los trabajadores, los que suelen tipificarse o entenderse como derechos humanos democrático-burgueses, son irrealizables o imposibles de profundizar y conservar en sociedades donde existan y donde predominen las relaciones mercantiles, en los países con una u otra gestión capitalista. Que la burguesía es una clase contra-revolucionaria a la cual la clase obrera no puede aliarse, independientemente de que se trate de una fracción de ella con tal o cuales características políticas e ideológicas. Las tareas mismas de la independencia y la soberanía sólo pueden consumarse con una sociedad socialista-comunista. La clase obrera es la única clase que une porvenir, humanidad y progreso.
15.- La Gran Revolución Socialista de Octubre y la historia de sus relaciones socialistas, dentro y fuera de las fronteras multinacionales de la URSS, demuestran que es posible otro tipo de relaciones del ser humano consigo mismo, con los demás y con la naturaleza.
16.- Los problemas candentes en el mundo y en Rusia, que llevaron a la clase obrera a la disyuntiva de tomar el poder en sus manos o sacrificarse por sus amos, tienen reflejo en el mundo y en el México de hoy, por ser esencialmente el mismo periodo histórico, el periodo del imperialismo, de las guerras imperialistas y de las revoluciones proletarias. Hoy como ayer los problemas tienen su solución para la clase obrera con su ascenso como clase en el poder, hoy como ayer las revoluciones proletarias son la solución radical y necesaria.
17.- Igualmente, en México obtener el poder estatal para la clase obrera y el control sobre los medios de producción que hoy están en manos de los monopolios supondrían la base para la transformación radical de nuestra sociedad y la solución para los grandes problemas que enfrentamos hoy.
La clase obrera en nuestro país tiene el ejemplo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, de los bolcheviques y de las y los obreros revolucionarios de Rusia, pues ellos tomaron el poder y las fábricas, construyeron un mundo nuevo que para los trabajadores significa libertad, la libertad de acabar el desempleo, la libertad de la cual no gozan los miserables de hoy que no cuentan con educación, alimento y vivienda garantizada como si contaban los ciudadanos de la URSS, la libertad de caminar por las calles sin la criminalidad como la conocen los habitantes del mundo capitalista, la libertad de cumplir sueños largamente ansiados por la humanidad como lo fue iniciar la conquista del espacio, la erradicación de enfermedades, la alfabetización completa de la población, etc.
La tierra no deja de girar, la aurora no cesa aún de seguir a la penumbra, la vida de lo que ha vivido da paso con su muerta a nueva vida, y en la historia de la humanidad el capitalismo que ha tenido principio ha de tener un fin, el socialismo sigue al capitalismo pues hemos de luchar por ese futuro de civilización frente a la barbarie de lo que hoy se derrumba.
18.- El Partido Comunista de México honra a la Gran Revolución Socialista de Octubre, inspirado en ella, abrevando de sus enseñanzas, aprendiendo de su lección, busca continuar su camino, para llevar a la clase obrera de México al poder y construir el socialismo-comunismo, para mantener en alto la bandera del internacionalismo proletario y junto a los partidos comunistas luchar sin descanso hasta conquistar un mundo nuevo y socialista.
¡Proletarios de todos los países, uníos!
El Comité Central del Partido Comunista de México

[1] Engels, F; Introducción de 1895 a la obra de Marx “La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850”.
[2] Lenin, V.I.; La catástrofe que nos amenaza y como combatirla.

mercredi 11 octobre 2017

Discurso integro de Carlos Marx sobre "el libre cambio" o libre comercio.
"Señores:
La abolición de las leyes cerealistas en Inglaterra es el triunfo más grande que el libre cambio ha alcanzado en el siglo XIX. En todos los países donde los fabricantes hablan de libre cambio, tienen en cuenta principalmente el libre cambio del grano y de las materias primas en general. “Gravar con aranceles protectores el grano extranjero es una infamia, es especular con el hambre de los pueblos”.
Pan barato y salarios altos —cheap food, high wages—: he aquí el único objetivo en aras del cual los freetraders ingleses han gastado millones, y ya han contagiado con su entusiasmo a sus cofrades del continente. En general, si se quiere el libre cambio es para mejorar la situación de la clase trabajadora.
Pero, ¡cosa extraña!, el pueblo, al que se quiere proporcionar a toda costa pan barato, es muy ingrato. El pan barato goza hoy en Inglaterra de tan mala reputación como el Gobierno barato en Francia. El pueblo ve en los hombres llenos de abnegación, en un Bowring, un Bright y consortes, sus mayores enemigos y los hipócritas más desvergonzados.
Todo el mundo sabe que la lucha entre los liberales y los demócratas es en Inglaterra la lucha entre los freetraders y los cartistas.
Veamos ahora cómo los freetraders ingleses han demostrado al pueblo los buenos sentimientos que les mueven.
He aquí lo que decían a los obreros de las fábricas:
El arancel de los cereales es un impuesto sobre el salario; este impuesto lo pagáis a los grandes terratenientes, a esos representantes de la aristocracia de la Edad Media; si vuestra situación es calamitosa, la causa estriba en la carestía de los artículos de primera necesidad.
Los obreros, a su vez, preguntan a los fabricantes: ¿Cómo se explica que en el curso de los últimos treinta años, en los que nuestra industria ha alcanzado el mayor desarrollo, nuestro salario haya bajado en una proporción mucho mayor de lo que ha subido el precio de los cereales?
El impuesto que, según afirmáis, pagamos a los propietarios del suelo, equivale para cada obrero a tres peniques aproximadamente por semana. Y, sin embargo, el salario del tejedor manual ha descendido de 28 chelines por semana a 5 chelines en el periodo comprendido entre 1815 y 1843; y el salario del tejedor que trabaja en telares mecánicos ha sido reducido de 20 chelines semanales a ocho chelines entre los años 1823 y 1843.
Durante todo ese tiempo, el impuesto que hemos pagado a los propietarios de la tierra no ha pasado nunca de los tres peniques. Y en 1834, cuando el pan estaba muy barato y en la vida comercial reinaba gran animación, ¿que nos decíais? ¡Si sois desgraciados es porque tenéis demasiados hijos, porque vuestros matrimonios son más fecundos que vuestro oficio!
Esto es lo que nos decías entonces, al mismo tiempo que promulgabais las nuevas leyes sobre los pobres y construías las work-houses (Casas de Trabajo), esas bastillas de los proletarios.
A esto replicaban los fabricantes:
Tenéis razón, señores obreros; el salario no esta determinado solamente por el precio de los cereales, sino también por la competencia entre los brazos que se ofrecen en demanda de trabajo.
Pero fijaos bien en que nuestro suelo no se compone sino de rocas y arenales. ¡No iréis a pensar que se pueda cultivar trigo en macetas! Pues bien, si en lugar de dedicar nuestro capital y nuestro trabajo al laboreo de un suelo totalmente estéril, abandonásemos la agricultura para dedicarnos exclusivamente a la industria, toda Europa se vería obligada a cerrar sus fabricas e Inglaterra formaría una sola gran ciudad fabril, mientras el resto de Europa quedaría convertido en una provincia agrícola.
Pero este dialogo del fabricante con sus obreros lo interrumpe el pequeño comerciante diciendo:
Si aboliésemos las leyes cerealistas, es cierto que arruinaríamos nuestra agricultura, pero no obligaríamos con ello a los demás países a hacer pedidos a nuestras fabricas y a cerrar las suyas.
¿Cuál sería el resultado? Yo perdería los clientes que ahora tengo en el campo, y el comercio interior perdería sus mercados.
El fabricante, volviendo la espalda a los obreros, responde al tendero: En cuanto a esto, concedednos libertad de acción. Una vez abolido el impuesto sobre los cereales, recibiremos del extranjero trigo más barato. Luego bajaremos el salario, que subirá al mismo tiempo en los países que nos proporcionen el grano.
Así, además de las ventajas que ya disfrutamos, tendremos la de un salario menor, y con todas estas ventajas obligaremos al continente a adquirir nuestras mercancías.
Pero he aquí que en la discusión se mezclan el arrendatario y el obrero del campo.
¿Y nosotros?, exclaman. ¿Qué será de nosotros?
¿Es que vamos a pronunciar la sentencia de muerte contra la agricultura que nos da de comer? ¿Consentiremos sin rechistar que se nos arrebate el terreno que pisamos?
Por toda respuesta, la Liga contra las leyes cerealistas se conformó con asignar premios para los tres mejores trabajos que tratasen acerca de la influencia saludable de la abolición de las leyes cerealistas sobre la agricultura inglesa.
Estos premios han sido adjudicados a los señores Hope, Morse y Greg, cuyos libros se han difundido por las zonas rurales en miles de ejemplares.
Uno de los laureados pretende demostrar que quienes perderán por la libre importación de grano extranjero no serán ni los arrendatarios ni los obreros agrícolas, sino los terratenientes. El arrendatario inglés, escribe, no tiene por que temer la abolición de las leyes cerealistas, porque ningún país puede producir trigo de tan buena calidad y tan barato como Inglaterra.
Por tanto, afirma, si bien bajaría el precio del trigo, ello no os causaría perjuicio alguno, porque esta baja afectaría sólo a la renta, que se vería disminuida, pero no al beneficio industrial y al salario, que seguirían siendo los mismos.
El segundo laureado, el señor Morse, sostiene, por el contrario, que el precio del trigo se elevaría a consecuencia de la abolición de las leyes cerealistas. Hace denodados esfuerzos para demostrar que los aranceles proteccionistas no han podido jamás asegurar al trigo un precio remunerador.
En apoyo de su aserto cita el hecho de que el precio del trigo ha subido considerablemente en Inglaterra siempre que se ha importado grano del extranjero, y cuando se ha importado poco, el precio ha descendido muy sensiblemente. El laureado olvida que la importación no era la causa del precio elevado, sino que el precio elevado era la causa de la importación.
En completo desacuerdo con su co-laureado, afirma que toda alza en el precio del grano redunda en beneficio del arrendatario y del obrero, y no en beneficio del propietario.
El tercer laureado, el señor Greg, que es un gran fabricante y que ha escrito su libro para la clase de los grandes arrendatarios, no podía contentarse con repetir semejantes simplezas. Su lenguaje es más científico.
Reconoce que las leyes cerealistas no contribuyen a elevar la renta sino en tanto en cuanto suscitan una elevación del precio del trigo, y que no promueven el alza del precio del trigo sino imponiendo al capital la necesidad de buscar aplicación en terrenos de calidad inferior, lo que se explica muy sencillamente.
A medida que crece la población, si el grano extranjero no puede entrar en el país, se tienen que poner por fuerza en cultivo tierras menos fértiles, cuyo aprovechamiento requiere más gastos y cuyo producto es, por tanto, más caro.
Como la venta del grano esta plenamente asegurada, el precio se regulará necesariamente por el precio de los productos obtenidos en los terrenos que exigen más gastos. La diferencia entre este precio y el coste de producción en los terrenos mejores constituye la renta.
Así, pues, si con la abolición de las leyes cerealistas desciende el precio del trigo y, por consiguiente, también la renta, es porque dejarán de cultivarse los terrenos menos fértiles. De donde se deduce que la disminución de la renta acarreará indefectiblemente la ruina de una parte de los arrendatarios.
Estas observaciones eran necesarias para hacer comprender el lenguaje del señor Greg.
Los pequeños arrendatarios, dice, que no podrán continuar dedicándose a la agricultura, encontrarán los medios de sustento en la industria. En cuanto a los grandes arrendatarios, saldrán ganando con ello. Los propietarios del suelo se verán obligados a vender sus tierras a muy bajo precio, o bien a concertar con ellos contratos de arrendamiento por plazos muy largos. Esto permitirá a los arrendatarios invertir en la tierra grandes capitales, emplear en ella máquinas en mayor escala y economizar así trabajo manual, que, por otra parte, será más barato a causa del descenso general de los salarios, consecuencia inmediata de la abolición de las leyes cerealistas.
El doctor Bowring ha dado a todos estos argumentos una sanción religiosa al exclamar en un mitin publico: “¡Jesucristo es el libre cambio; el libre cambio es Jesucristo!”
Se comprende que toda esta hipocresía no contribuye a hacer que el pan barato sea menos amargo para los obreros.
¿Cómo iban a creer los obreros en la súbita filantropía de los fabricantes, de los mismos que no cejaban en su lucha contra el bill de las diez horas, que estipulaba la reducción de la jornada de trabajo de los obreros de las fábricas de doce horas a diez?
Para que os forméis una idea de la filantropía de estos fabricantes, os recordaré, señores, los reglamentos establecidos en todas las fábricas.
Cada fabricante dispone para su uso particular de un verdadero código, en el que se prescriben multas por todas las faltas voluntarias o involuntarias. Por ejemplo, el obrero pagará tanto si tiene la desgracia de sentarse en una silla, si cuchichea, conversa o se ríe, si llega algunos minutos más tarde, si se rompe alguna parte de la máquina, si las piezas que entrega no son de la calidad requerida, etc., etc. Las multas son siempre superiores al daño causado realmente por el obrero. Y para que el obrero pueda fácilmente incurrir en multas, se adelanta el reloj de la fábrica, se le facilitan materas primas pésimas, con las que el obrero debe fabricar piezas de buena calidad. Se destituye al contramaestre que no posee la habilidad suficiente para multiplicar los casos de contravención.
Como veis, señores, esta legislación doméstica ha sido ideada para dar lugar a contravenciones, y se da lugar a contravenciones para ganar dinero. Así, pues, el fabricante recurre a todos los medios para reducir el salario nominal y para sacar beneficio hasta de accidentes fortuitos que no dependen del obrero.
Estos fabricantes son los mismos filántropos que han querido hacer creer a los obreros que eran capaces de realizar dispendios enormes únicamente para mejorar la suerte de éstos.
Así, de un lado cercenan de la manera más mezquina el salario del obrero valiéndose de los reglamentos de fabrica, y, de otro, se imponen los mayores sacrificios para elevarlo con el concurso de la Liga contra las leyes cerealistas.
A costa de grandes dispendios construyen palacios en los que la Liga establece en cierto modo su sede oficial, envían un ejercito de misioneros a todos los puntos de Inglaterra para que prediquen la religión del libre cambio, publican y distribuyen gratis millares de folletos para hacer ver a los obreros sus propios intereses, gastan sumas enormes para atraer a su lado a la prensa, montan un gran aparato administrativo para dirigir los movimientos librecambistas y derrochan elocuencia en los mítines públicos. En uno de esos mítines un obrero exclamó:
“¡Si los propietarios de la tierra vendiesen nuestros huesos, vosotros, los fabricantes, seriáis los primeros en comprarlos para echarlos a un molino de vapor y hacer con ellos harina!”
Los obreros ingleses han comprendido muy bien la significación de la lucha entre los propietarios del suelo y los capitalistas industriales. Saben muy bien que se quería rebajar el precio del pan para rebajar el salario y que el beneficio industrial aumentaría en la misma proporción en que disminuyera la renta.
Ricardo, el apóstol de los freetraders ingleses, el economista más distinguido de nuestro siglo, en este punto esta completamente de acuerdo con los obreros.
En su famosa obra sobre economía política dice:
“Si en lugar de cultivar trigo en nuestro país, descubriésemos un nuevo mercado en el que pudiéramos obtenerlo a un precio más bajo, en ese caso deberían bajar los salarios y aumentar las ganancias. El descenso de los precios de los productos agrícolas reduce los salarios no sólo de los obreros ocupados en el cultivo de la tierra, sino también de todos los que trabajan en la industria o están empleados en el comercio”.
Y no creáis, señores, que al obrero le es totalmente indiferente que no vaya a recibir más que cuatro francos, estando el trigo más barato, cuando antes recibía cinco.
¿Acaso su salario no ha ido descendiendo más y más con respecto a la ganancia? ¿No es claro que su posición social ha ido empeorando en comparación con la del capitalista? Pero, además, sufre de hecho una pérdida directa.
Mientras el precio del trigo era más alto, siéndolo igualmente el salario, al obrero le bastaban unas pequeñas economías hechas en el consumo de pan para poder satisfacer otras necesidades. Pero en cuanto baja el precio del pan y, en consecuencia, el salario, el obrero no puede economizar apenas en el pan para comprar otros artículos.
Los obreros ingleses han dado a entender a los freetraders que no están dispuestos a ser victimas de sus ilusiones y de sus engaños, y si, a pesar de eso, se han unido a ellos contra los propietarios de la tierra, ha sido para destruir los últimos restos del feudalismo y para no tener que vérselas más que con un solo enemigo. Los obreros no se han engañado en sus cálculos; porque los propietarios de la tierra, para vengarse de los fabricantes, han hecho causa común con los obreros a fin de conseguir la aprobación del bill de las diez horas, que estos últimos venían demandando en vano desde hace 30 años y que ha sido aprobado inmediatamente después de la abolición de las leyes cerealistas.
En el Congreso de los economistas, el doctor Bowring sacó del bolsillo una larga lista para hacer ver la cantidad de carne de vaca, jamón, tocino, pollos, etc., etc., importada a Inglaterra con objeto de satisfacer, según el, las necesidades de los obreros; pero, lamentablemente, se olvidó añadir que, al mismo tiempo, los obreros de Mánchester y de otras ciudades fabriles habían sido arrojados a la calle por la crisis que comenzaba.
En principio, en economía política, no hay que deducir nunca leyes generales a base de las cifras referentes a un solo año. Hay que tomar siempre el término medio de seis a siete años, lapso de tiempo durante el que la industria moderna pasa por las diferentes fases de prosperidad, de superproducción, de estancamiento y de crisis, recorriendo así su ciclo fatal.
De suyo se comprende que si baja el precio de todas las mercancías —y este descenso es la consecuencia necesaria del libre cambio—, yo podría adquirir por un franco muchas más cosas que antes. Y el franco del obrero vale tanto como cualquier otro. Por tanto, el libre cambio será muy ventajoso para el obrero. En esto hay sólo un pequeño inconveniente, y es que el obrero, antes de cambiar su franco por otras mercancías, tiene que llevar a efecto el cambio de su trabajo con el capital. Si al realizar este cambio siguiese recibiendo por el mismo trabajo el franco en cuestión y bajasen los precios de todas las demás mercancías, saldría siempre ganando en una tal transacción. La dificultad no estriba en demostrar que, bajando el precio de todas las mercancías, por el mismo dinero podría yo comprar más mercancías.
Los economistas examinan siempre el precio del trabajo en el momento en que el trabajo se cambia por otras mercancías. Pero siempre dejan completamente de lado el momento en que el trabajo efectúa su cambio con el capital.
Cuando hagan falta menos gastos para poner en movimiento la máquina que produce las mercancías, igualmente costarán menos las cosas necesarias para mantener la máquina llamada obrero. Si abaratan todas las mercancías, el trabajo, que es también una mercancía, bajará igualmente de precio, y, como veremos más adelante, este trabajo mercancía bajará proporcionalmente mucho más que las demás mercancías. El trabajador, siguiendo siempre la argumentación de los economistas, descubrirá que el franco se ha fundido en su bolsillo y que de él no le quedan más que cinco sus.
Los economistas replicarán a esto: Bien, supongamos que la competencia entre los obreros, que, ciertamente, no disminuirá bajo el régimen del libre cambio, no tardará en poner los salarios de acuerdo con el bajo precio de las mercancías. Pero, por otra parte, la disminución del precio de las mercancías hará que aumente el consumo; un mayor consumo exigirá una mayor producción, que será seguida de una mayor demanda de brazos, y a esta mayor demanda de brazos seguirá un alza de salarios.
Toda esta argumentación se reduce a lo siguiente: El libre cambio aumenta las fuerzas productivas. Si la industria crece, si la riqueza, si la capacidad productiva, en una palabra, si el capital productivo aumenta la demanda de trabajo, aumenta igualmente el precio del trabajo y, por consiguiente, el salario. La mejor condición para el obrero es el crecimiento del capital. Hay que convenir en ello. Si el capital permanece estacionario, la industria no sólo permanecerá estacionaria, sino que declinará, y el obrero será en ese caso la primera victima. El obrero sucumbirá antes que el capitalista. Y en el caso en que el capital vaya creciendo, en ese estado de cosas que hemos calificado como el mejor para el obrero, ¿cuál será su suerte? Sucumbirá igualmente. El crecimiento del capital productivo implica la acumulación y la conservación de capitales. La centralización de capitales conduce a una mayor división del trabajo y a un mayor empleo de las máquinas. Una mayor división del trabajo reduce a la nada la especialidad del trabajador y, colocando en lugar de esta especialidad un trabajo que todo el mundo puede hacer, aumenta la competencia entre los obreros.
Esta competencia es tanto más fuerte, por cuanto la división del trabajo permite al obrero realizar él solo el trabajo de tres. Las máquinas producen el mismo resultado en una escala mucho mayor. El crecimiento del capital productivo, al obligar a los capitalistas industriales a desenvolverse en sus empresas con medios cada vez mayores, arruina a los pequeños industriales y los arroja a las filas del proletariado. Además, como el tipo de interés disminuye a medida que se acumulan los capitales, los pequeños rentistas, que ya no pueden vivir de sus rentas, se ven forzados a lanzarse a la industria para luego ir a engrosar el número de proletarios.
Por último, cuanto más aumenta el capital productivo, tanto más obligado se ve a producir para un mercado cuyas necesidades no conoce, tanto más precede la producción al consumo, tanto más tiende la oferta a aumentar la demanda y, por consiguiente, las crisis son cada vez más intensas y más frecuentes. Pero toda crisis, a su vez, acelera la centralización de capitales y hace crecer las filas del proletariado.
Así, pues, a medida que crece el capital productivo, la competencia entre los obreros aumenta en una proporción mucho mayor. La remuneración del trabajo disminuye para todos, y el peso del trabajo aumenta para algunos.
En 1829 había en Mánchester 1.088 hiladores ocupados en 36 fábricas. En 1841 no había más que 448, y estos obreros atendían a 53.353 husos más que los 1.088 obreros de 1829. Si la cantidad de trabajo manual empleado hubiese aumentado proporcionalmente al desarrollo de las fuerzas productivas, el número de obreros debería haber alcanzado la cifra de 1.848; por consiguiente, los perfeccionamientos introducidos en la mecánica dejaron sin trabajo a 1.100 obreros.
Sabemos de antemano la respuesta de los economistas. Estos hombres privados de trabajo, dicen, encontrarán otra ocupación. El doctor Bowring no ha dejado de repetir este argumento en el Congreso de los economistas, pero tampoco ha dejado de refutarse a sí mismo.
En 1835, el doctor Bowring pronunció un discurso en la Cámara de los Comunes a propósito de los 50.000 tejedores de Londres que desde hacía largo tiempo se morían de hambre, sin poder encontrar esa nueva ocupación que los freetraders les hacían entrever en lontananza.
Citemos los pasajes más salientes de este discurso del doctor Bowring.
“La miseria de los tejedores manuales —dice— es la suerte inevitable de todo trabajo que se aprende fácilmente y que puede ser reemplazado a cada instante por medios menos costosos. Como en este caso la competencia entre los obreros es grande en extremo, la menor disminución de la demanda origina una crisis. Los tejedores manuales se encuentran, por decirlo así, situados en los límites de la existencia humana. Un paso más, y su existencia será imposible. El menor golpe basta para condenarles a perecer. El progreso de la mecánica, al suprimir más y más el trabajo manual, reporta indefectiblemente durante la época de transición numerosos sufrimientos temporales. El bienestar nacional no se puede lograr sino a costa de determinado número de calamidades individuales. En la industria no se avanza sino a expensas de los rezagados; de todos los inventos, el telar de vapor es el que más pesa sobre los tejedores manuales. En la producción de muchos artículos que antes se hacían a mano, el tejedor ha sido ya desplazado por completo, y tendrá que correr la misma suerte en la producción de otros muchos que aún se fabrican a base del trabajo manual”.
“Tengo ante mis ojos —dice más adelante— una correspondencia del gobernador general con la compañía de las Indias Orientales. Esta correspondencia se refiere a los tejedores del distrito de Dacca. El gobernador dice en sus cartas: Hace algunos años, la compañía de las Indias Orientales compraba de seis a ocho millones de piezas de algodón, fabricadas en los telares manuales del país. La demanda descendió de modo gradual, hasta quedar reducida aproximadamente a un millón de piezas.
En la actualidad, la demanda ha cesado casi por completo. Además, en 1800, América del Norte obtuvo de la India cerca de 800.000 piezas de algodón. En 1830 no recibió ni 4.000. Por ultimo, en 1800 fue embarcado, para su transporte a Portugal, un millón de piezas de algodón. En 1830, Portugal no recibió más que 20.000.
Los informes sobre las calamidades de los tejedores indios son terribles. ¿Y cuál es el origen de estas calamidades?
La presencia de productos ingleses en el mercado, la producción del artículo por medio de telares de vapor. Gran número de tejedores han muerto de inanición; el resto ha pasado a otras ocupaciones y, sobre todo, a las faenas agrícolas. No saber cambiar de profesión equivale a condenarse a muerte. Y en estos momentos el distrito de Dacca se ve invadido de tejidos e hilados ingleses. La muselina de Dacca, famosa en todo el mundo por su belleza y su firme textura, también ha sido eclipsada por la competencia de las máquinas inglesas. En toda la historia del comercio sería difícil, tal vez, encontrar sufrimientos semejantes a los que han tenido que soportar, de este modo, clases enteras en las Indias Orientales”.
El discurso del doctor Bowring es tanto más significativo cuanto que los hechos en él citados son exactos, y las frases con que trata de paliarlos llevan impreso el sello de la hipocresía común a todos los sermones librecambistas. Presenta a los obreros como medios de producción que es preciso reemplazar por medios de producción menos costosos. Finge ver en la rama de trabajo de que habla una rama completamente excepcional, y en la máquina que ha exterminado a los tejedores una máquina igualmente excepcional. Olvida que no existe ni una sola rama del trabajo manual que no pueda experimentar un buen día la suerte de la tejedura.
“El fin constante y la tendencia de todo perfeccionamiento en mecánica es, en efecto, el desplazamiento total del trabajo del hombre o la disminución de su precio, sustituyendo el trabajo del obrero adulto por el de las mujeres y los niños, o el del hábil artífice por el del obrero sin calificar. En la mayor parte de las hilanderías mecánicas —en inglés throstle-mills—, el trabajo es ejecutado exclusivamente por muchachas de dieciséis años y aun más jóvenes. Como resultado de la sustitución de la máquina ordinaria de hilar por la máquina automática, la mayor parte de los hiladores adultos han sido despedidos y sólo han quedado niños y adolescentes”.
Estas palabras del doctor Uren, el librecambista más apasionado, sirven para completar las confesiones del señor Bowring. El señor Bowring habla de algunas calamidades individuales y dice al mismo tiempo que estas calamidades individuales hacen sucumbir a clases enteras; habla de sufrimientos pasajeros en la época de transición, y al mismo tiempo que habla de esto no oculta que estos sufrimientos pasajeros han significado para la mayoría el paso de la vida a la muerte, y para los restantes el tránsito de la situación anterior a una peor. Al afirmar más adelante que las penalidades de los obreros son inseparables del progreso de la industria y necesarias para el bienestar nacional, reconoce simplemente que la infelicidad de la clase trabajadora es condición necesaria para el bienestar de la clase burguesa.
Todo el consuelo que el señor Bowring prodiga a los obreros que sucumben, y en general toda la doctrina de compensación que formulan los freetraders, se reducen a lo siguiente:
Vosotros, millares de obreros que sucumbís, no debéis desesperar. Podéis morir con toda tranquilidad. Vuestra clase no perecerá. Será siempre lo bastante numerosa para que el capital la pueda diezmar sin temor a acabar totalmente con ella. Pero, además, ¿Cómo queréis que el capital encuentre un empleo útil si no se preocupa de asegurarse la materia explotable, los obreros, para explotarlos de nuevo?
Pero, entonces, ¿por qué seguir hablando de la influencia que la realización del libre cambio ejercerá sobre la situación de la clase obrera? Todas las leyes, expuestas por los economistas, desde Quesnay hasta Ricardo, se basan en la suposición de que las trabas que coartan aún el libre cambio han dejado de existir. Estas leyes se confirman a medida que se realiza el libre cambio. La primera de ellas consiste en que la competencia reduce el precio de toda mercancía hasta el mínimo de su coste de producción. Por tanto, el mínimo de salario es el precio natural del trabajo. ¿Y qué es el mínimo de salario? Es justamente lo que hace falta para producir los artículos indispensables para el sustento del obrero, con el fin de que esté en condiciones de alimentarse bien que mal y propagar a poco que sea su especie.
No saquemos de aquí la conclusión de que el obrero no podrá recibir más que este mínimo de salario, y no vayamos a creer tampoco que ha de recibir siempre este mínimo.
No, como resultado de la acción de esta ley, la clase obrera conocerá a veces momentos más felices. Habrá ocasiones en que reciba más que el mínimo; pero este excedente no será más que el suplemento de lo que haya recibido —menos que el mínimo— durante los tiempos de estancamiento industrial. Esto quiere decir que, en un determinado lapso de tiempo que es siempre periódico, en el ciclo que recorre la industria, pasando por las fases de prosperidad, de superproducción, de estagnación y de crisis, la clase obrera —si se cuenta todo lo que recibe por encima de lo necesario y todo lo que recibe de menos— no tendrá en suma ni más ni menos que el mínimo: es decir, la clase obrera se conservará como clase a pesar de todas las calamidades y de la miseria sufridas, a pesar de los cadáveres dejados sobre el campo de batalla industrial. Pero, ¿qué importa? La clase subsiste y, lo que es mejor aun, crecerá en número.
Esto no es todo. El progreso de la industria produce medios de existencia menos costosos. Así, el aguardiente ha reemplazado a la cerveza, el algodón a la lana y el lino, y la patata al pan.
Por tanto, como se descubren constantemente nuevos medios para alimentar a los obreros con artículos más baratos y peores, el mínimo de salario disminuye de continuo. Este salario, que al principio obligaba al hombre a trabajar para vivir, ha terminado por hacer vivir al hombre una vida de autómata. Su existencia no tiene otro valor que el de una simple fuerza productiva, y como tal lo trata el capitalista.
Esta ley del trabajo mercancía, ley del mínimo de salario, se manifestará más y más a medida que sea un hecho real y verdadero la suposición de los economistas, el libre cambio. Así, pues, una de dos: o es preciso negar toda la economía política basada en el postulado del libre cambio, o bien hay que convenir en que, bajo este libre cambio, los obreros habrán de experimentar todo el rigor de las leyes económicas.
Resumamos: ¿Qué es, pues, el libre cambio en el estado actual de la sociedad? Es la libertad del capital. Cuando hayáis hecho desaparecer las pocas trabas nacionales que aún obstaculizan la marcha del capital, no habréis hecho más que concederle plena libertad de acción. Por favorables que sean las condiciones en que se haga el intercambio de una mercancía por otra, mientras subsistan las relaciones entre el trabajo asalariado y el capital, siempre existirán la clase de los explotadores y la clase de los explotados. Verdaderamente es difícil comprender la pretensión de los librecambistas, que se imaginan que un empleo más ventajoso del capital hará desaparecer el antagonismo entre los capitalistas industriales y los trabajadores asalariados, Por el contrario, ello no puede acarrear sino una manifestación aún más neta de la oposición entre estas dos clases.
Admitid por un instante que no existen ya ni leyes cerealistas, ni aduanas, ni arbitrios municipales, en una palabra, que han desaparecido por completo todas las circunstancias accidentales que el obrero podía tomar aún como las causas de su situación miserable, y habréis desgarrado todos los velos que no le permitían ver a su verdadero enemigo.
El obrero comprobará entonces que el capital, desembarazado de toda traba, le reporta no menos esclavitud que el capital coartado por los derechos de aduanas.
Señores: No os dejéis engañar por la palabra abstracta de libertad. ¿Libertad de quién? No es la libertad de cada individuo con relación a otro individuo. Es la libertad del capital para machacar al trabajador.
¿Cómo podéis refrendar la libre concurrencia con la idea de libertad, cuando esta libertad no es más que el producto de un estado de cosas basado en la libre concurrencia?
Hemos mostrado el género de fraternidad que el libre cambio engendra entre las diferentes clases de una misma nación. La fraternidad que el libre cambio establecería entre las diferentes naciones de la tierra no seria más fraternal. Designar con el nombre de fraternidad universal la explotación en su aspecto cosmopolita, es una idea que sólo podía nacer en el seno de la burguesía. Todos los fenómenos destructores suscitados por la libre concurrencia en el interior de un país se reproducen en proporciones más gigantescas en el mercado mundial. No necesitamos detenernos por más tiempo en los sofismas que difunden a este propósito los librecambistas y que tienen tanto valor como los argumentos de nuestros tres laureados, los señores Hope, Morse y Greg.
Se nos dice, por ejemplo, que el libre cambio hará nacer una división internacional del trabajo, determinando para cada país el género de producción que corresponda a sus ventajas naturales.
Pensaréis, tal vez, señores, que la producción de café y de azúcar es el destino natural de las Indias Occidentales.
Hace dos siglos, la naturaleza, que apenas tiene que ver con el comercio, no había plantado allí ni el árbol del café ni la caña de azúcar.
No pasará, tal vez, medio siglo y ya no encontraréis allí ni café ni azúcar, puesto que las Indias Orientales, gracias a su producción más barata, discuten ya con ventaja a las Indias Occidentales su pretendido destino natural. Y estas Indias Occidentales, con sus dones naturales, son ya para los ingleses una carga tan pesada como los tejedores de Dacca, que también estaban destinados, desde tiempos inmemoriales, a tejer a mano.
Hay otra circunstancia que no debe perderse de vista: como todo ha pasado a ser monopolio, existen en nuestros días algunas ramas de industria que predominan sobre todas las demás y que aseguran a los pueblos que más se dedican a ellas el dominio en el mercado mundial. Así, por ejemplo, en el comercio internacional el algodón tiene más valor comercial que todas las demás materias primas juntas empleadas en la fabricación de vestidos, Causa verdaderamente risa ver cómo los librecambistas escogen algunos tipos especiales de producción en cada rama industrial para colocarlos en la balanza con los productos de use común, que se fabrican a más bajo coste en los países donde la industria ha alcanzado el mayor desarrollo.
Nada de extraño tiene que los librecambistas sean incapaces de comprender cómo un país puede enriquecerse a costa de otro, pues estos mismos señores tampoco quieren comprender cómo en el interior de un país una clase puede enriquecerse a costa de otra.
No creáis, señores, que al criticar la libertad comercial tengamos el propósito de defender el sistema proteccionista.
Se puede ser enemigo del régimen constitucional sin ser partidario del viejo régimen.
Por lo demás, el sistema proteccionista no es sino un medio de establecer en un pueblo la gran industria, es decir, de hacerle depender del mercado mundial; pero desde el momento en que depende del mercado mundial, depende ya más o menos del libre cambio. Además, el sistema proteccionista contribuye a desarrollar la libre concurrencia en el interior de un país. Por eso vemos que, en los países donde la burguesía comienza a hacerse valer como clase, en Alemania, por ejemplo, realiza grandes esfuerzos para lograr aranceles protectores. Para ella son armas contra el feudalismo y contra el poder absoluto; son para ella un medio de concentrar sus fuerzas y de realizar el libre cambio en el interior del propio país.
Pero, en general, el sistema proteccionista es en nuestros días conservador, mientras que el sistema del libre cambio es destructor. Corroe las viejas nacionalidades y lleva al extremo el antagonismo entre la burguesía y el proletariado. En una palabra, el sistema de la libertad de comercio acelera la revolución social. Y sólo en este sentido revolucionario, yo voto, señores, a favor del libre cambio"
Carlos Marx, ante la Sociedad Democrática de Bruselas,
9 de Enero de 1948.