El hospital Salvador Allende acoge a 5.000 estudiantes de medicina, la mayoría procedentes del África subsahariana y de Latinoamérica, pero también norteamericanos
Ver fotogaleríaSamantha Marie Moore, de Detroit, Michigan, alumna de sexto curso en la ELAM, examina a Estrella Gómez Mesa, de 76 años.Allison Shelley
El hospital Salvador Allende es un oasis verde en el deteriorado barrio habanense de El Cerro, lejos de los hoteles costeros y los restaurantes para turistas de la capital cubana. El complejo hospitalario, construido originalmente en 1899 como centro de atención para los emigrados españoles de origen asturiano, está compuesto por edificios de columnatas dispuestos en medio de parques bien cuidados. Es lógico que recuerde a una pequeña universidad de artes liberales: el Salvador Allende es ahora un hospital docente, con 532 camas y más de 5.000 estudiantes de medicina, la mayoría procedentes del África subsahariana y de Latinoamérica. Incluso hay algunos estudiantes estadounidenses.
Samantha Moore, de Detroit, estudia sexto curso y trabaja en la sección de gerontología, aprendiendo a cuidar ancianos. En un espacioso edificio lleno de azulejos de colores y luz natural, los pacientes geriátricos charlan sentados en la galería, al calor del sol matutino. Moore se inclina sobre una de ellos, Ofelia Favier, que ha perdido una pierna debido a la diabetes y está hospitalizada por deshidratación. Mueve las manos por el cuerpo de esta paciente de delicada constitución, apretando y pulsando levemente. “Buenos días, mami”, dice. “¿Cómo se siente? ¿Ha pasado buena noche? ¿Le duele algo?”.
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Ofelia, de 85 años, no está de buen humor. “Nunca me duele, estoy bien. Ya no tengo fiebre. Tengo hambre. Ojalá la cafetería se diese prisa”. Moore suelta una carcajada y se va para ver cómo va el desayuno, compuesto por arroz, alubias y huevos.
“Me encanta la atención a los pacientes”, dice la alumna. En Cuba, los estudiantes aprenden la importancia de los factores de diseño medioambiental. Moore observa que la luz natural del pabellón, la libre circulación del aire y los suaves colores pastel contribuyen a la recuperación del paciente. “Es una educación asombrosa; en Estados Unidos esto no se aprende”. Se ha demostrado (ver investigación OMS) que la libre circulación del aire es más eficaz que el aire acondicionado y el aire recirculado que a menudo se ve en los hospitales estadounidenses y que constituyen un factor a tener en cuenta en las tasas de infección hospitalaria.
Casi todos los estudiantes de la ELAM reciben formación gratuita, gracias a becas concedidas por el Estado cubano o por su propio país. A cambio, se espera que regresen a su país natal y trabajen con comunidades médicamente desatendidas
Moore es una de las 93 estudiantes estadounidenses de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM). En cierto sentido, es la respuesta cubana a la Kennedy School of Government creada por Harvard, que forma a profesionales de todo el mundo. Pero a diferencia de la Kennedy, que va más dirigida al grupo de Davos, los alumnos de la ELAM se están formando específicamente para trabajar en comunidades de rentas bajas. Casi todos los estudiantes de la ELAM reciben formación gratuita, gracias a becas concedidas por el Estado cubano o por su propio país. A cambio, se espera que regresen a su país natal y trabajen con comunidades médicamente desatendidas, usando la medicina de bajos recursos y centrada en la prevención que por lo general se practica en Cuba.
En Estados Unidos, solo un pequeño número de estudiantes de medicina se especializan en atención primaria, y el porcentaje de los que deciden ejercer como médico de cabecera descendió un 50% entre 1997 y 2005, según The New England Journal of Medicine. En 2013-2014, menos del 10% de los titulados en medicina hicieron la residencia en la especialidad de familia (centrada en la atención primaria), según un informe de la Academia Estadounidense de Médicos de Familia. El informe señalaba “la desatención de las facultades a una medida clave de la responsabilidad social”.
Moore, de 35 años, siempre había querido estudiar medicina pero no tenía dinero para hacerlo. Por eso hizo un máster en informática. Como muchos estudiantes estadounidenses, encontró el ELAM a través del programa Pastores por la Paz, una organización neoyorquina que colabora con la escuela en la selección de estudiantes estadounidenses. Se sintió inspirada por un sermón del director fundador de la organización, el reverendo Lucius Walker, ya fallecido, que describía la ELAM como un lugar que permite formarse como médico para trabajar con los pobres y aquellos que sufren una atención médica deficiente.
ver fotogaleríaLa doctora Vallentina Cuello Vargas usa un cadáver para explicar el sistema vascular a alumnos de anatomía de primer curso en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM).Allison Shelley
Cuando vuelva a Detroit, Moore quiere trabajar en medicina interna. Incluso quiere incorporar a su trabajo la atención domiciliaria, una práctica común en Cuba. “No entiendo por qué las personas con dificultades para acudir a una clínica no pueden acceder a un médico”, explica.
La necesidad de médicos es urgente en todo el mundo. Actualmente, en los países en desarrollo hay un déficit de siete millones de doctores, enfermeros y otros trabajadores sanitarios, y se prevé que la cifra prácticamente se duplique en los próximos 20 años. La Organización Mundial de la Salud advierte de que los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, como reducir la mortalidad materna e infantil, no se lograrán sin más personal en este ámbito.
A pesar de la nueva financiación de la que se dispone hoy en día para la sanidad mundial, la formación de profesionales sigue siendo una de las necesidades más desatendidas. Repartir fármacos para urgencias es una cosa; pero la enseñanza intensiva de varios años que se necesita para formar médicos exige un compromiso mucho mayor.
La ayuda exterior depende notablemente de la moda: hace unos años, la parábola del “enséñale a pescar” era omnipresente. Pero como suele suceder, una cosa es la retórica y otra la realidad. La mayor parte de la ayuda extranjera de hoy en día se dedica a obtener un resultado determinado, como luchar contra una enfermedad, proporcionar alimentos de emergencia o aliviar las consecuencias de un desastre natural o una crisis. El modelo cubano adopta un planteamiento completamente distinto: enseña a las personas aptitudes esenciales, para que esas personas puedan responsabilizarse de sus propios resultados. La ELAM se creó en 1999, tras el huracán Mitch, que devastó el Caribe y Centroamérica. La idea era la de ayudar a sustituir a los médicos que habían perdido los vecinos de Cuba. Desde entonces, la escuela ha formado a más de 26.000 galenos de 124 países de todo el mundo.
La necesidad de médicos es urgente en todo el mundo. En los países en desarrollo hay un déficit de siete millones de doctores, enfermeros y otros trabajadores sanitarios
En una pequeña clase de laboratorio hay dos docenas de alumnos procedentes de Chad, Sierra Leona, Angola, Sudáfrica, Congo, Belize y Nueva Jersey. “Siempre que nos hablan de epidemias, lo hacen compañeros que las han experimentado de primera mano”, explica Agyeiwa Weathers, de Newark. Por ejemplo, Saada Ly, estudiante de Conakry, Guinea, recordaba las repercusiones que tuvo la falta de trabajadores sanitarios durante el brote de cólera de 2015. “Todo el mundo vio que el sistema sanitario de mi país era deficiente”, dice.
Los estudios de medicina de la escuela duran seis años, frente a los cuatro de las facultades estadounidenses. Los dos años adicionales se dedican a estudiar sanidad pública, medicina tropical, y el singular énfasis de Cuba en la prevención. Los médicos aprenden a hacer diagnósticos basándose en el conocimiento de las condiciones de trabajo y de vida de sus pacientes, y relacionándose con ellos, tocándoles y escuchándoles.
A la ELAM empezaron a asistir alumnos estadounidenses en 2005, cuando los miembros del Grupo Negro del Congreso se reunieron con Fidel Castro y oyeron hablar del programa de formación. El representante Bennie Thompson le comentó al líder cubano que los votantes de sus circunscripciones carecen de acceso a una buena atención sanitaria. Castro ofreció de inmediato 500 puestos para alumnos estadounidenses. Hasta la fecha se han titulado 134 estadounidenses, y más de 50 de ellos están ahora realizando programas de especialización.
En las aulas de la ELAM no hay portátiles. A diferencia de las facultades de medicina estadounidenses, donde la mayor parte de la formación se imparte en el aula, los estudiantes de medicina cubanos pasan mucho tiempo atendiendo a los pacientes y practicando procedimientos como insertar un catéter, colocar un hueso roto o atender un parto.
Esa formación práctica es útil cuando vuelven a Estados Unidos, comenta Susan Grossman, directora del programa de médicos residentes en el Woodhull Medical Center de Brooklyn, al que asisten tres titulados de la ELAM. Cuando empiezan su residencia, explica Grosmman, tienen mucha más experiencia clínica que el titulado medio de una facultad de medicina estadounidense.
ver fotogaleríaEnfermeras caminando entre los edificios del Hospital Salvador Allende. Todos los alumnos estadounidenses de la ELAM realizan los estudios de tercero a sexto curso de medicina en este centro.Allison Shelley
Woodhull, un hospital público, está especializado en atención comunitaria centrada en el enfermo, por lo que los titulados de la ELAM encajan de forma natural. “Estos tres residentes están muy centrados en los pacientes, y tienen excelentes dotes de comunicación”, comenta Grossman. “No sé si se debe a su formación o a su personalidad. Tienen una formación clínica excelente”.
En Cuba, los médicos aprenden a hacer diagnósticos basándose principalmente en el examen personal, y se pueden pasar horas con los pacientes si la situación lo requiere. Usan los análisis de sangre y las pruebas radiológicas para confirmar su diagnóstico. Muchos médicos formados en Estados Unidos, por el contrario, confían en las pruebas para guiar sus diagnósticos.
“En algunos países, la tecnología se ha convertido en un sustituto del pensamiento médico”, señala Enrique Beldarraín, epidemiólogo e historiador de la sanidad pública que trabaja en el Centro Nacional de Información de Ciencia Médicas cubano.
Al principio, la formalidad del sistema médico estadounidense resultaba chocante, comenta Joaquín Morante, titulado de la ELAM y ahora residente de tercer año en Woodhull. Morante, que se crio en el Bronx y estudió los primeros años de medicina en Cornell, recuerda que un especialista le recriminó que se dirigiese a un paciente con un “Hola, colega, ¿cómo va eso?”. Él defiende su estilo: “Les hablo como un neoyorquino más”, dice.
Una práctica común en Cuba es que los médicos hagan visitas domiciliarias, algo que en Estados Unidos muchos solo conocen por la televisión
Morante reconoce que hay algunos problemas médicos para los que Cuba no le ha preparado. Una es la resistencia generalizada a los antibióticos que se observa en los hospitales estadounidenses. Y a diferencia de lo que sucede en Estados Unidos, las heridas por arma de fuego son extremadamente raras en Cuba.
Otra alumna, Keresse Gayle, que creció en Florida y Nueva Orleans, completaba no hace mucho su residencia en el Newark Beth Israel. Afirma que, desde un punto de vista médico, el principal cambio de Cuba a Estados Unidos “fue el pasar de no tener suficientes opciones a tener demasiadas”.
Los estudiantes de la ELAM no están ni mucho menos mimados. Gayle recuerda que dormía en una habitación con otras nueve chicas, guardaba sus cosas en una taquilla, y compartía un baño con 50 personas. Los estudiantes reciben una pequeña asignación económica y necesidades básicas como desodorante, compresas y pasta de dientes, están cubiertas. “En Estados Unidos estamos acostumbrados a cierto nivel de comodidad”, comenta. “Allí no tienes agua corriente las 24 horas. A veces hay apagones. Es un lugar difícil”.
Una calurosa tarde de miércoles tenía lugar en la ELAM una clase improvisada. Cassandra Cusack Curbelo, alumna de sexto que se crio en Miami, se había detenido para hablar con unos estudiantes de tercero sudafricanos que se refugiaban del calor sentados en un banco a la sombra. Los sudafricanos, Noluvuyo Dingele, Diago Jalkie y Felicity Bulo, estaban encantados de hablar con una alumna más experimentada.
“¿Cómo te sientes ahora?”, pregunta Jalkie.
“Cansada”, contesta Curbelo.
“No, quiero decir como médico”, aclara Jalkie, haciendo referencia al hecho de que, a partir de tercero, los estudiantes de la ELAM pasan buena parte del tiempo atendiendo directamente a los pacientes. “¿Cómo te sientes?”.
“Cansada”, repite Curbelo, sonriendo. Llegó a la ELAM con una mezcla de idealismo y ganas de aventura. Ella y sus amigos se referían a la escuela como “el campamento de verano disco revolucionario”. Pero muy pronto, con el método de formación práctica de la ELAM, se enfrentó a las responsabilidades que entraña el ser médico, además de a las realidades de la vida en Cuba, que dista mucho de las bien equipadas facultades médicas de Estados Unidos.
Cuenta a los ansiosos estudiantes una de sus experiencias cuando ella estaba también en tercero y empezaba a ver pacientes. Trabajaba en el turno de noche, y llegó un hombre empapado en sudor, con una fuerte bajada de tensión, y que empezó a sufrir convulsiones. Estaba entrando en shock. Curbelo estaba intentando ponerle a toda prisa una vía intravenosa cuando se fue la luz. Por suerte, rememoraba, tenía una linterna de bolsillo, la sujetó con los dientes, puso la vía y estabilizó al paciente. “Fue mi primera experiencia con la medicina de guerrilla cubana”, cuenta.
Los sudafricanos escuchan la anécdota con los ojos muy abiertos, imaginándose en esa situación. “Voy a invertir en una linterna de bolsillo”, dice Bulo con convicción.
Se dice que la de los médicos cubanos es una vida dura, y un chiste habitual es que ganan lo mismo que los bedeles hospitalarios (al parecer ganan más, gracias a una reciente subida salarial que los sitúa en torno a los 60 dólares al mes). Al mismo tiempo, el hecho de que vivan en circunstancias similares a las de sus pacientes tiene sus ventajas. Al habitar las comunidades a las que atienden, los doctores conocen muchos de los problemas personales, las presiones sociales y los factores medioambientales que podrían estar afectando a la salud de un paciente. Es una parte fundamental de su método preventivo: determinar cuáles son los factores de riesgo y prestar atención a los enfermos.
Una práctica común en Cuba es que los médicos hagan visitas domiciliarias, algo que en Estados Unidos muchos solo conocen por la televisión. “Para mí la medicina es un arte, pero en Estados Unidos no es más que un negocio”, comenta Katherine Leger, alumna de quinto nacida en República Dominicana que estudió también en el Ithaca College. La medicina estadounidense le parece demasiado impersonal, apresurada y regida por el dinero. “Si no consigues que un paciente se sienta cómodo, ¿cómo vas a descubrir qué tiene realmente?”
La insistencia en la atención preventiva parece hacer dado buenos resultados. Las investigaciones han establecido que el periodo de 40 años en el que Cuba dio prioridad a la atención primaria coincidió con un descenso del 40% en la mortalidad infantil
Desde el comienzo de su educación, los alumnos de la ELAM empiezan a trabajar en centros de atención primaria, llamados consultorios. Cada uno de ellos está dotado de un médico y una enfermera, responsables como máximo de 200 familias. El médico ve con regularidad a los pacientes para determinar factores de riesgo como tabaquismo, alcoholismo o presión arterial elevada. Después toma medidas para ayudar a aliviar esos factores, como derivar al paciente a grupos de apoyo o enseñarle a cambiar su estilo de vida.
“Si en Estados Unidos tuviésemos eso, las disparidades sanitarias desaparecerían”, comenta el estudiante de segundo curso Nikolai Cassanova, de 27 años, nacido en Jamaica y criado en Brooklyn, Nueva York. Le impresionó especialmente que el médico de su consultorio conociese el nombre de todos los pacientes. “Me encantaría ver cuántos médicos estadounidenses saben cómo se llaman sus pacientes”.
La insistencia en la atención preventiva parece hacer dado buenos resultados. Las investigaciones han establecido que el periodo de 40 años en el que Cuba dio prioridad a la atención primaria coincidió con un descenso del 40% en la mortalidad infantil (a pesar de que el PIB no había cambiado sustancialmente), y con pruebas de un descenso sustancial en el número de hospitalizaciones por enfermedades cardiovasculares. Según la OMS, Cuba va por delante de Estados Unidos en las tasas de mortalidad de recién nacidos y menores de cinco años, a pesar de que el gasto per cápita es muy inferior.
Un área de especial interés en el país caribeño es la atención prenatal: una embarazada asiste al médico al menos una decena de veces. En Estados Unidos, por el contario, más de la quinta parte de las mujeres latinas y negras tienen problemas para recibir atención prenatal, según el Departamento Estadounidense de Servicios Sanitarios y Humanos.
Antes de la revolución cubana, el mero hecho de dar a luz era extremadamente peligroso, recuerda Isolina Martínez Bacallao, de 81 años. Con el sistema caciquil de los tiempos prerrevolucionarios, dice, el alcalde decidía quién iba al hospital y quién no. A menudo las mujeres morían de parto porque no tenían un doctor que las atendiese. “Ahora el cambio es como de la noche al día”, opina. “Los médicos corren detrás de las embarazadas para cuidarlas”, dice.
El actual sistema de atención primaria cubano se basa en la creencia de que vale más prevenir que curar, explica Angelina Cedré Cabrera, profesora de salud materna e infantil en la ELAM. Además de la formación biomédica normal que reciben como médicos, a los alumnos se les enseñan valores de humanitarismo, solidaridad y ética. “Aquí los estudiantes aprenden a ser doctores en ciencia y en conciencia”, bromea.
Queda por ver cómo se trasladará el sistema médico cubano al resto del mundo. Miles de sudafricanos han llegado en los últimos años a la ELAM para ayudar a cubrir la importante escasez de galenos que padece el país. El énfasis cubano en la prevención es un gran cambio para Sudáfrica, comenta Jalkie, el estudiante de tercero. En su país, dice, “más o menos esperamos que la gente se ponga enferma y después intentamos curarla”.
Sin duda, la formación cubana tiene sus limitaciones. Quienes han experimentado el sistema de salud cubano desde el lado del paciente se quejan a veces de que los médicos no están preparados para tratar a pacientes verdaderamente enfermos, y no siempre están al tanto de la tecnología y los medicamentes más recientes.
El sistema cubano ha mostrado al mundo de la atención sanitaria global cómo un país puede tener una población más sana con un presupuesto bajísimo, aunque carezca de los recursos necesarios para atender enfermedades avanzadas o mortales, explicaba Daniel Palazuelos, médico instructor de la Escuela de Medicina de Harvard que ha colaborado con médicos cubanos en Haití y en México. “Son como los médicos de cabecera estadounidenses realmente buenos; y responden perfectamente bien al 95% de los problemas a los que se enfrenta la mayoría de la población”, remacha.
Por supuesto, la política sanitaria cubana es altamente delicada. El régimen sigue siendo autoritario; los despachos de los funcionarios públicos todavía están adornados con fotos de Fidel y Raúl, y a veces de Hugo Chávez, y los lemas de estos se exhiben en lugares destacados de los edificios públicos. Y a pesar de su loado sistema médico, el Ministerio de Salud Pública dificulta el acceso a periodistas e investigadores académicos.
En el hospital Salvador Allende, en un pabellón de gerontología que, por extraño que parezca, no tiene nada de deprimente, Julián, el hijo de Ofelia, se sienta junto a la puerta de la habitación. Lleva allí 24 horas, turnándose con su hija y su hermano. Como es práctica habitual para todos los pacientes, allí siempre hay un familiar u otro cuidador.
“Estoy aquí para ayudarla si quiere levantarse, ir al baño o dar unos pasos”, explica Julián. “Ella fue mi raíz, y yo la cuido”.
Samantha Moore espera poder aplicar en Detroit las lecciones y las experiencias vividas en Cuba. “Es fenomenal ir por la calle y que alguien te diga ‘¿Qué hay, doctora, cómo está?”.
FOTOGALERÍA La escuela cubana que enseña medicina al mundo
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mercredi 5 juillet 2017
Verdad de dos caras
Algunos intentan que la situación estalle, otros por el contrario defienden la cordura política y militar. Pero lo cierto es que el panorama puede oscurecerse todavía más
La Península de Corea está dividida en lo político y lo geográfico por el conocido Paralelo 38. (Wikipedia.org)
La intranquilidad sigue presente en una Península dividida por el conocido Paralelo 38, a punto de cumplirse 64 años- este 17 de julio- de la firma del armisticio firmado entre la República Democrática de Corea, o la del Norte, y la República de Corea, o la del Sur. Esta herencia histórica del mundo que emergió luego de la Segunda Guerra Mundial, a partir de la victoria sobre el nazi fascismo alemán y japonés, ha seguido una ruta crítica como una moneda de dos caras, con sus verdades divididas. Lo principal es marcar la esencia: el 9 de septiembre de 1948, Corea del Norte declaraba su carácter socialista, sucediendo a Vietnam tres años después, pero antecediendo a China en 12 meses. De manera que en esa amplia zona de Asia habían triunfado las ideas comunistas para pavor del capitalismo mundial, occidental y estadounidense. Como no se podía permitir un arraigo semejante, la Casa Blanca decide activar a sus marines para “apoyar” a los coreanos en desacuerdo con el marxismo. Ambos pueblos desde entonces están en una cuerda floja aun con varios intentos de entendimiento a lo largo de todo este tiempo. Sin embargo, las hostilidades contra Pyongyang nunca han cesado ya sea con bloqueos económicos o ejercicios militares en las aguas y el cielo que lo circundan. Nuevamente es Washington uno de los actores principales. De ahí que las autoridades norcoreanas sostengan la necesidad de su armamento nuclear y sus pruebas balísticas, argumento no muy convincente para la comunidad internacional, incluidos Rusia y China, las que no obstante siempre abogan por las conversaciones y la solución diplomática a uno de los problemas más álgidos de esta contemporaneidad belicosa.
Las mitades de un panorama complicado
Este 4 julio, Moscú y Beijing, en las voces de sus respectivos presidentes, Vladimir Putin, y Xi Jinping expresaron su “profunda preocupación” por el lanzamiento de un misil balístico de parte de Corea del Norte. Según estas altas figuras, se requiere de la voluntariedad de Pyongyang de una moratoria en este tipo de pruebas, de forma que no existan subterfugios para nuevas provocaciones del otro lado del Paralelo.
El 30 de abril de 2017 concluyeron los ejercicios conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur en la Península coreana, lo cual puso en alerta a Pyongyang. (www.publimetro.com.mx)
A tenor con este lamentable ensayo no han faltado -como era de esperarse- los insidiosos textos de la prensa occidental. Por ejemplo la británica BBC se hacía la siguiente pregunta: ¿Puede llegar a Estados Unidos? ¿Y llevar cabezas nucleares? Y aunque no terminaba por dar respuesta, sí dejaba en el aire sembrada la ponzoña. El actual presidente norcoreano Kim Jong-Un ha dicho en más de una ocasión que si su nación estuviera en peligro, no dudarían en asumir todas las consecuencias de un ataque serio. El llamado de atención ruso y chino se expandió asimismo hacia el resto de los involucrados: “pedimos a Estados Unidos y Corea del Sur que se abstengan de realizar maniobras militares conjuntas a gran escala”. El poderoso Thaad, también fue cuestionado por los dos mandatarios quienes insistieron en que el despliegue de este escudo antimisiles estadounidense en el sureste de Asia, representa más un peligro que una salvaguardia pues manda el mensaje de una beligerancia siempre en punta. Señala por tanto que este “representa un grave perjuicio para los intereses de seguridad estratégica de los países de la región, incluidos Rusia y China”. El comunicado difundido luego de la conferencia de prensa conjunta de Putin y Xi -este último de visita en la ciudad moscovita- habla con una claridad meridiana, colocando el tema en contexto, ya que por regla general la balanza internacional tiende a inclinarse hacia Corea del Sur y los Estados Unidos. El texto en uno de sus párrafos dice: “las preocupaciones de Corea del Norte deben ser respetadas. Otros países deben realizar esfuerzos para la reanudación de las negociaciones, crear conjuntamente una atmósfera de paz y de confianza mutua”. La BBC, incluso especula con un eventual “fin del liderazgo de Kim Jong-Un, podría -en su opinión- significar la reunificación de la península coreana y su transición a una gran nación asiática amiga de Washington, lo cual no es bien visto por Pekín”. Nada de cierto en esto. China al igual que Rusia han demostrado ser consecuentes con sus postulados de política exterior pacifista por lo cual siguen insistiendo en que la solución del problema en la península coreana con vistas a garantizar una paz y estabilidad sólidas en el noreste de Asia figura entre las prioridades de sus cancillerías. El comunicado antes descrito concluye que “la escalada de la tensión político-militar en esa región, que está condenada a provocar un conflicto militar, exige de la comunidad internacional la adopción de medidas colectivas para el arreglo pacífico del conflicto a través del diálogo”.
El poderoso Thaad representa un grave perjuicio para los intereses de seguridad estratégica de los países de la región, incluidos Rusia y China”. (actualidad.rt.com)
Diferencias aguzadas
Al crecimiento económico de Corea del Sur le llaman el “Milagro del Río Han”. Pero este no surgió de la nada; además de la verdadera productividad nacida de la laboriosidad del pueblo, contó con financiamiento externo muy abundante. Impulsó su desarrollo en políticas económicas orientadas a la exportación, empezando con la industria ligera manufacturadas en los años sesenta. Hoy en día ostenta una sólida competitividad internacional en los campos de la construcción naval, siderurgia y química. Y en 1996 se convirtió en el 29º país signatario a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), organismo constituido ampliamente por países de economías avanzadas. En el primer trimestre de 2017 su PIB ha crecido un 1,1 por ciento respecto al trimestre anterior; con 346 mil 009 millones de euros, y eso sitúa a Corea del Sur como la 10ª economía. Corea del Norte en cambio ha debido sortear demasiadas hostilidades y obstáculos desde 1948, y peor aun desde 1953. El pasado año, la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos intensificó las presiones en su contra. Los legisladores estadounidenses aprobaron un proyecto denominado Ley de Interdicción y Modernización de las Sanciones contra Corea del Norte, que al ser aprobado por el Senado se convirtió en ley para limitar el comercio con Pyongyang y reducir de esta forma sus fuentes de ingresos.
El escudo antimisil es repudiado incluso por el propio pueblo de Corea del Sur. (actualidad.rt.com)
Asimismo restringió las exportaciones de mano de obra de Corea del Norte, impidiendo la entrada de productos norcoreanos en el territorio estadounidense, aduciendo el uso de la mano de obra forzada, e impone sanciones a los extranjeros que empleen a norcoreanos. Autorizó asimismo a sancionar a los que provean a Corea del Norte de petróleo crudo y sus productos. De igual forma, prohíbe el atraque de barcos norcoreanos en los puertos de Estados Unidos y su navegación en las aguas del país norteamericano. Sin embargo, “el tiro le ha salido por la culata”, la economía de Corea del Norte se reactiva desde hace varios años en un nuevo modelo de gestión donde los directores de las empresas tienen libertad de acción que les permite fijar salarios diferenciados para estimular la producción y despedir empleados. Por otro lado está en marcha una reforma que abarca también la producción agrícola. Aquí sobresale el que, después de entregar una cuota de producción al Estado, los campesinos pueden vender el resto de forma privada y reinvertir o disfrutar la ganancia. Bradley Babson, académico de la Universidad John Hopkins en Estados Unidos y miembro del Comité Nacional sobre Corea del Norte, ha señalado que “el cambio responde a una necesidad profunda emanada de la población, y del Gobierno que quiere alejar el recuerdo de las hambrunas de los 90. Se observa una creciente influencia china”. El resultado de la nueva situación se caracteriza por un sistema dual en el que el Estado sigue manejando los resortes estratégicos de la economía (minería y armamento) pero ya el sector privado representa un 30 por ciento de la actividad económica. No obstante para que Corea del Norte avance se necesitará más inversión extranjera y esto es un foco de alta tensión, que preocupa tanto a la Casa Blanca como los ensayos de misiles. A los yankis no les hace ninguna gracia que China y Rusia sean vistos como amigos. Eso desajusta sus planes para el Lejano Oriente, y entonces la verdad ya deja de ser una moneda de dos caras.
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mardi 4 juillet 2017
“La impunidad premia al delito, induce a su repetición y le hace propaganda: estimula al delincuente y contagia su ejemplo”.
Eduardo Galeano
El pasado 23 de junio el diario Granma publicaba una noticia sobre el proceso de rendición de cuentas de los delegados del Poder Popular a sus electores. El bajante de la información insistía en que “los debates sobre las indisciplinas sociales, los microvertederos, la contaminación sonora y el maltrato a la propiedad social se mantienen como cuestiones fundamentales en los encuentros”.
En diciembre de 2015, otra información del diario Granmaafirmaba que de más de 100 000 planteamientos en el proceso de rendición de cuentas anterior “cerca de la mitad se relacionan con ilegalidades e indisciplinas”.
Lamentablemente, la conmoción provocada por el discurso del Presidente Raúl Castro ante la Asamblea Nacional hace tres años denunciando que “se ha abusado de la nobleza de la Revolución, de no acudir al uso de la fuerza de la ley, por justificado que fuera, privilegiando el convencimiento y el trabajo político, lo cual debemos reconocer no siempre ha resultado suficiente” no ha sido acompañado por las instituciones de la Revolución de manera eficaz y hoy la situación por él denunciada es igual o peor que entonces.
Y es que desde hace algún tiempo el peso de estas cuestiones en esos espacios viene superando a los planteamientos relacionados con carencias materiales presentes en la vida de los cubanos como la vivienda, los viales y el alumbrado público sin que se aprecie una estrategia efectiva de enfrentamiento desde la comunicación ni la imposición de la legalidad que revierta el modo en que una minoría ejerce de manera impune sus preferencias y comportamientos barbáricos en detrimento de la mayoría.
En las grandes inversiones está previsto que el crecimiento de la actividad económica no puede ir en paralelo con el deterioro ambiental pero no son pocas las cafeterías y agromercados -estatales o o no- cuyos alrededores se han convertido en verdaderos basurales sin que se exija a sus administradores o dueños responsabilidad por ello.
En la sesión de hace un año de la Asamblea Nacional, lo que más plantearon los diputados en las comisiones permanentes fueron robos, acaparamiento y corrupción en la venta de materiales de construcción, funcionamiento de piscinas privadas en territorios que sufren sequía y contaminación con escombros de la basura doméstica por lujosas construcciones particulares.
Sobre este último tema nadie obliga al que recibe una licencia de construcción a presentar un contrato para evacuar los escombros, y tampoco existe una entidad a la que se le pueda solicitar, ni quien establece un negocio necesita pagar una licencia ambiental sino que recarga los ya insuficientes servicios de recogida desechos sólidos sin pagar un centavo.
Así, el estado, como hace también con los servicios de agua y gas manufacturado, se convierte en generador involuntario de subsidios para actividades que persiguen el lucro. Al equiparar los servicios básicos que se subsidian para la población con el uso de estos con fines lucrativos no se logra otra cosa que incrementar la desigualdad que se pretende disminuir con los impuestos. El trato igualitario en esos servicios a actores sociales desiguales no hace más que multiplicar la desigualdad, además de deteriorar el servicio para todos.
Los que vean algún extremismo en el párrafo anterior deberían leer a uno de los ideológos de la Ilustración, Jean Jacques Rousseau, quien afirmó: “Entre el fuerte y el débil, la libertad oprime y la ley libera”. La economía no estatal tiene mucho que aportar en Cuba pero desde temprano las reglas, y su aplicación, deben estar en función de que sumen efectivamente al bienestar colectivo y el sentido solidario de la sociedad en la que se inserta.
La comunicación sobre lo que llamamos indisciplina social -que no es más que la aplicación individual o grupal de la ley de la selva del capitalismo en condiciones de subdesarrollo- no juega un rol disuasivo porque casi nunca alude al costo para el infractor de agredir la convivencia ciudadana y deteriorar el espacio público, además de que utiliza canales de los que está fuera una parte significativa de las audiencias, especialmente los jóvenes. Por otra parte, las penalizaciones previstas en la legislación datan de más de dos décadas atrás, cuando la realidad económica era radicalmente distinta y una multa de cinco pesos cubanos podía ser un factor que desestimulara esos comportamientos.
La efectividad de la reciente campaña por la erradicación del mosquito Aedes Aegypti para evitar la propagación de enfermedades como dengue, zyka y chikunguya demuestra que el pueblo responde cuando se le moviliza con argumentos, se comunica oportuna y sistemáticamente y se es coherente en la imposición de la legalidad pero no será sostenible si no se combinan la promoción de una cultura de respeto ambiental y cuidado del espacio público con responsabilidades diferenciadas y el castigo proporcional a quien la vulnere.
Por estos días, la mayor parte de la familia santiaguera muestra su nacionalidad a través de fotografías junto a una obra en acero negro. Y es que gracias a la colaboración de la Fundación Caguayo y la agencia Cuba Travel Network, en el paseo “La Alameda Michaelsen” de esta ciudad, aparece la palabra Cuba como obra conceptual. La muestra monumental tiene carácter itinerante e interactivo.
Es este uno de los puntos donde Santiago se encuentra con el mar para subrayar su condición de ciudad-puerto. Desde el siglo XVIII ya se le miraba con fines comerciales y para la época de 1840 se ofrecía como ideal entre los espacios públicos. Desde entonces varias intervenciones han modificado el paisaje del Paseo de La Alameda, ubicado en el Centro Histórico de Santiago de Cuba. En este sitio preferido para el ritual de las reuniones ocasionales, el descanso en familia y las fotos naturalistas. Se pensó que también resultaría excelente como soporte de una obra conceptual, una escultura en metal negro que distinguiera a la vez a la Agencia de Viajes Caribbean Travel Network en sus 15 años de trabajo en el destino Cuba. “Y si, decidimos que era una buena idea, poner en letras bien grandes la palabra Cuba para que todas las personas pudieran tocarla y tomarle fotos”, dijo Ailin Rodríguez Gutiérrez, Especialista Área Comercial de la Agencia Cuba Travel Network. Con sus treinta años de experiencia en darle cuerpo a la escultura monumental, el Taller de Fundición de la Fundación Caguayo acogió este proyecto y sumó saberes: “Allá trabajamos mucho el bronce, pero la técnica del metal negro, que es como le decimos y en esta dimensión, es toda una nueva experiencia. A la gente del taller les ha fascinado esto, pues es además un mensaje estético y político”, declaró Alberto Lescay, Presidente de la Fundación Caguayo. En sólo un mes se logró esta pieza construida en acero y con una estructura interna que le confía durabilidad y resistencia al clima. Esta obra conceptual de metal negro que lleva uno de los colores del Caribe tiene como posibles destinos a Holguín, Sancti Spíritus, La Habana y Pinar del Rio. La idea es que la familia cubana pueda tocar, abrazar y sonreírle a su identidad fundacional de cuatro letras.
Da qualche giorno la compagna e giornalista del manifesto Geraldina Colotti è vittima di un vero e proprio linciaggio (per fortuna solo virtuale) scatenato dal dissociato Enrico Galmozzi. Poca roba e pure triste, se non fosse che la vicenda ha progressivamente assunto i sordidi caratteri della resa dei conti. A difendere l’attacco gratuito e meschino del dissociato sono infatti intervenuti addirittura diversi colleghi della stessa Geraldina. Mascherato da ambigue disquisizioni sulla deontologia giornalistica s’intravede un linciaggio politico per interposta polemica. Perché tutto questo? Noi siamo inevitabilmente di parte: Geraldina è una “nostra” compagna, mentre Galmozzi è solo un dissociato. Il discorso potrebbe chiudersi qua, eppure sentiamo comunque il bisogno di parlarne perché, nonostante la distanza siderale che divide le nostre posizioni politiche con quelle del manifesto, ne abbiamo un rispetto che travalica questa stessa distanza. Il manifesto è, o per meglio dire potrebbe essere, ancora uno strumento utile e importante nel dibattito della sinistra. E’ un organo di informazione ma anche un luogo dove pezzi di questo dibattito emergono dal sottosuolo militante nel quale oggi sono forzatamente confinati. Svolge un ruolo politico e pubblico, notevolmente depotenziato dalle scelte politiche di quel collettivo di giornalisti, ma che va salvaguardato e, laddove possibile, orientato verso una pluralità di posizoni in grado di rispecchiare ciò che si muove a sinistra. Ecco perchè i caratteri di questo scontro ci interessano e in una qualche misura ci riguardano. Il linciaggio di Geraldina è un fatto pubblico perché i caratteri dello scontro sono tutti di natura politica, anche laddove presentati sotto altra forma. Geraldina Colotti porta avanti da anni una chiara posizione politica sul Venezuela e il socialismo bolivariano. E’ l’unica “voce contro” che è possibile leggere o ascoltare nel panorama mediatico italiano di un qualche rilievo. Tutto il resto dell’universo mediatico, di destra, di sinistra, di centro, populista o anti-populista, combatte il processo politico bolivariano, in Venezuela come altrove in America latina. Il manifesto, grazie agli articoli di Geraldina, è l’unico luogo massmediatico dove è possibile leggere una difesa del socialismo del XXI secolo. Nel fare questa opera di meritoria contro-informazione Geraldina è sola. Da una parte c’è quella sinistra che non vede l’ora di sbarazzarsi di Maduro e del chavismo; dall’altra un piccolo giornale che non ha la forza economica di garantirsi un inviato stabile sul posto in grado di fare “vero giornalismo”, come si usa dire oggi anche tra compagni. Tanto basta però per metterla sul banco degli imputati e condannarla nel nome del sacro professionismo giornalistico, quello che non deve prendere posizione ma solo “riportare i fatti”, come se questi non fossero già orientati ideologicamente, manipolati alla radice e incapaci di far luce su alcunché se non attraverso operazioni di demistificazione costante. L’escamotage attraverso cui si vorrebbe colpire il punto di vista di Geraldina è allora non solo disonesto, ma anche frutto di quella torsione borghese che costringe il “giornalismo” a riflesso dell’esistente. E’ il merito della critica ad affiorare dal velo metodologico attraverso cui viene presentata allora. Il problema è proprio la difesa di Maduro. Se infatti Geraldina si fosse limitata a non prendere posizione, ad operare quel “sano” distacco che presenta aggrediti e aggressori su di un piano di falsa parità, nessuno si sarebbe sognato di dire alcunché sulla caratura giornalistica degli articoli. Anzi, si sarebbe plaudito all’imparzialità, altro mito borghese ormai tracimato nella sinistra, con tanta pace dei fatti e della relativa stuoia di fonti che ne dovrebbero sorreggere la verifica.
[Esempio di solidarietà redazionale]
Il problema è politico, si sarebbe gridato una volta, e riguarda l’Italia, non il Venezuela. Ad essere condannata è la visione del mondo che emerge dagli articoli di Geraldina, che “sfrutta” l’esempio bolivariano per dire che, se esiste un futuro per la sinistra, questo si trova nella capacità di tenere insieme il conflitto, il consenso e il potere, in una traiettoria capace di spostare materialmente in avanti le condizioni di vita di milioni di subalterni. Il socialismo del XXI secolo è tutto fuorché un processo lineare e chiaro. Al contrario, è vittima di enormi contraddizioni interne e di giganteschi problemi oggettivi. Un fatto questo che ripetiamo da sempre. Ma nel momento in cui questo processo è sotto attacco da parte della borghesia nazionale e dall’imperialismo internazionale, le pur doverose critiche devono farsi da parte, sostenendo senza se e senza ma un esperimento comunque progressivo, comunque socialista. A dare fastidio non è (tanto) il socialismo, ma il socialismo che prende il potere, che si confronta con la complessità delle relazioni sociali. Il socialismo senza macchia degli sconfitti è destinato ad eccitare una certa intellettualità immateriale, ne siamo consci, ma la gestione del potere politico cambia il destino dei proletari. E’ questo fatto a costituire un terreno di scontro, scontro purtroppo – nel caso in questione – degradato rapidamente in squallida gogna pubblica. In ultimo, però, è necessario sottolineare un’ulteriore questione di metodo. Non viviamo né abbiamo vissuto gli anni Settanta, siamo purtroppo irrimediabilmente lontani da quella stagione di lotte di classe. Non siamo allora reduci di alcunché, motivo per cui non ci accaloriamo neanche sui temi della dissociazione e del pentimento. Ma in politica, soprattutto nella politica rivoluzionaria, esistono dei paletti. Non abbiamo alcun accanimento verso questo o quel dissociato, a patto che questo abbia smesso con l’attività politica. Chi ha deciso di uscire dalla militanza politica attraverso la dissociazione non può rientrarci legittimato unicamente dall’oblio che circonda quella storia. La dissociazione è stato lo strumento utilizzato dallo Stato per spezzare una generazione di militanti politici, non solo quelli appartenenti alla lotta armata. Ha impedito negli anni Ottanta di riattivare percorsi di militanza rivoluzionaria, ha soffocato la sinistra di classe, ha stroncato la vita di molti compagni mentre altri uscivano puliti grazie alla svolta individuale di resa al nemico. Storie passate ma, come detto, che segnano un confine tra chi può e chi non può tornare a parlare di politica. Il dissociato Enrico Galmozzi non può. Può continuare a fare della sua vita ciò che vuole, ma non può trovare legittimato il suo pensiero politico, perché la dissociazione è un fatto collettivo i cui frutti ancora avvelenano le lotte di classe. Nel caso in questione, parliamo peraltro di un personaggio nel frattempo divenuto macchietta di se stesso. Ma anche ci fosse quel dissociato in grado di produrre un discorso serio, condivisibile, opportuno (e, nel tempo, li abbiamo incontrati, letti, ascoltati), rimane in piedi il paletto di cui sopra: un dissociato ha chiuso la sua esperienza politica. L’ha chiusa male, ma l’ha chiusa. Non può riaprirla non pagando lo scotto di ciò che è stato e che ha contribuito direttamente a generare, cioè la dissociazione come strumento di pacificazione sulla pelle di altri compagni. Non giudichiamo davvero: non sappiamo, se non per sentito dire, il peso della catastrofe che si abbatteva sui compagni sul finire degli anni Settanta. Non giudichiamo il cedimento di chi, magari addirittura sotto tortura o con lo spettro di marcire in galera, abbia scelto la fuga individuale. Capiamo chi, protagonista di quella storia, ancora giudica senza pietà. Non siamo fra questi, perché non siamo stati protagonisti di nulla. Il presente, al contrario, ci riguarda. Leggere di un dissociato che si permette di giudicare il lavoro di una compagna mai pentita, mai dissociata, mai arresasi allo Stato e ai suoi cani da guardia, ci racconta solo dell’imbarbarimento epocale che viviamo e che i social network hanno contribuito ad alimentare. Se c’è un’unica nota di inflessibilità in tutto il discorso, è questa. Ci dispiace che i compagni del manifesto stiano contribuendo ad alimentare questo equivoco, che si riversa direttamente su chi, come noi, continua ad essere un militante politico. Noi stiamo con Geraldina e, se ha ancora senso la parola solidarietà al tempo delle relazioni sociali virtualizzate, dovrebbero stare con Geraldina tutti i compagni, a prescindere dalle posizioni politiche di ciascuno.
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